Vaya por delante que yo soy de los que ha gritado en mis años mozos, en un campo de fútbol, aquello de “Luis Enrique tu padre es Amunike” un cántico tan absurdo e idiota como acompasado que funciona bien en el contexto del deporte que más nos gusta, sus previas y sus gradas de pasión o lo poco que va quedando de ellas.

El caso es que ayer el RCD Espanyol se clasificó para participar en la fase de grupos de la Europa League , es decir que volvemos a Europa después de doce años de dura travesía del desierto. Los pericos estábamos anoche felices y contentos, lanzando mensajes de orgullo y sentimiento de pertenencia por las redes sociales, intercambiando mensajes con nuestros semejantes y recordando a los que no nos quieren que seguimos estando que no es poco. Como siempre, aunque les duela aquí y por mucho tiempo, generación tras generación siempre con el martillo pilón, que es lo que nos gusta.

Y de repente el júbilo y jolgorio desaparecieron de un plumazo. El propio Luis Enrique anunciaba tristemente el fallecimiento de su hija Xana de tan solo nueve años. Los mensajes de los pericos cambiaron de golpe, como de la noche al día, pasamos de la felicidad a la pena de un plumazo, como el que pasa la hoja de un libro.


Nadie está nunca jamás preparado para la pérdida de un ser querido, pero si hay algo injusto y antinatural en esta vida que siempre te controla a ti por mucho que tú creas que la tienes controlada, es la desaparición de un hijo y más terrible si cabe con tan solo con nueve años. Los que somos padres y los que no lo son, porque son hijos, no podemos ni imaginar el dolor tan inmenso que sentiríamos en una situación similar.

Xana ha luchado contra un horrible cáncer como muchos otros niños lo hacen cada día del año, al final no ha podido con él en la tierra, podrá seguro en la eternidad, porque para sus padres y seres queridos la tiene asegurada por los siglos de los siglos.

La vida es muy puta, pero a veces puede ser maravillosa, incluso el ser humano puede serlo, ayer todos los espanyolistas sentimos el puñal del lamento de Luis Enrique en nuestro propio pecho. Uno de los hombres más odiados por la afición blanquiazul en los últimos tiempos, nos hizo recordar que por encima de todo somos personas, al menos la mayoría, porque siguen habiendo monstruos en la tierra que jamás alcanzaran esa condición tan simple, pero necesaria para ser feliz. Descansa en paz Xana, tu padre es Luis Enrique.

Robert Hernando

Ex -consejero del RCD Espanyol

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