Ayer se nos marchó para siempre el que ha sido el mejor jugador de toda la historia del fútbol, sin discusión, sin riña, ni disputa que ose ponerlo en duda. Capaz de ganar un Mundial él solo dejando en la cuneta de la irrelevancia a la “Pérfida Albión”, o de coger un equipo de media tabla echárselo a la espalda y ganar el Scudetto, cuando era eso, el Scudetto. Cuando la tecnología y la televisión no habían convertido a los jugadores de fútbol en una suerte de vedettes de cabaret, cuando los campos de fútbol no eran tapetes de billar, y cuando los ultras, eran ultras. Maradona arrasaba con todo lo que tocaba. Su magia era tan divina y etérea que ya en la tierra se convirtió en un combatiente “barrilete cósmico”.

La primera y única que vez que tuve la suerte de ver jugar a Maradona en vivo y en directo, fue en nuestra añorada bombonera de Sarrià. Nos visitó enfundando la camiseta del Sevilla. Para muchos de nosotros cada día que jugaba el Espanyol en casa era un día especial, pintaba a que podía ser nuestra mejor noche, o tarde, o semana. Sin embargo, aquella jornada de locales se respiraba un ambiente muy especial. Me coloqué como siempre en el Gol Sur a darlo todo, pero, aquella tarde me escoré hacia el córner que tocaba a la tribuna presidencial. Cuando Diego se acercaba a patear los saques de esquina lo tenía a poco menos de un metro de mí, aquello era Sarrià señoras y señores. Jamás se me olvidará como se tiraban contra la valla de alambre algunos argentinos al grito de “Diego sos Dios”. Se me ponía la piel de gallina. ¡Dios! Aquello si era fútbol. El olor a hierba mojada te embriagaba sobremanera.

Maradona fue un genio dentro del verde, obvio, que como todos en la vida cometió sus errores, que, por cierto, a menudo los reconoció y se arrepintió. Sin embargo, también en su faceta fuera del campo tuvo cosas geniales, como sus valientes plantes a la mafia de la FIFA. Siempre incómodo para el poder. Vale mucho la pena disfrutar de la docuserie de Netflitx, Maradona en Sinaloa. Donde llega, a pesar de la controversia generada, a Culiacán, en el estado de Sinaloa, un territorio muy castigado por el narcotráfico más feroz y por su famosos y sanguinarios narcos como “El Chapo Guzmán”. Allí, se hace cargo de Dorados que están a un paso de descender, no solamente los salva, sino que también se salva él por un buen tiempo. Su pasión por la pelota y el respeto que muestran por su líder sus jugadores y los aficionados es sencillamente impresionante. Digno de ver.

El capricho del destino ha querido que Maradona se fuese al cielo el mismo día que se cumplían 20 años de la triste perdida de otro rebelde sin causa, nuestro idolatrado Canito. “El jugador que más ha querido al Espanyol” según Rafa Marañón. Siempre he pensado que Maradona y Canito eran almas gemelas, cada cual en su dimensión, cada uno en su particular y tormentoso transitar de su andadura vital, solo aliviado con la píldora del balón. A veces, las almas subversivas e insurrectas son también las más frágiles. Almas que necesitan compañía y arropo en los transcendentales viajes a emprender. ¿Qué mejor escudero que Canito para compartir alforjas? Como dejó dicho el Diego para el epitafio de su lápida: “Gracias a la pelota”.

Robert Hernando

Escritor perico, ex–consejero del RCD Espanyol

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