Hace cosa de un par de años, Javier Aznar publicó en la revista «Libero» un estupendo artículo sobre el mágico fenómeno de los fichajes de invierno, «ese trasunto de discoteca a las cuatro de la mañana donde los clubs ya solo actúan movidos por la desesperación, la improvisación y una total ausencia de criterio en busca de un fichaje de última hora». Difícil, siendo español y heterosexual, no sentirse involucrado en la metáfora de Aznar.

Ando muy convencido de que la segunda vuelta del Español va a ser excepcional, y que la responsabilidad última de la metamorfosis del equipo estará en el citado mercado invernal que ahora acaba. Siempre he sentido especial debilidad por las misiones imposibles y las causas perdidas, pero el fogonazo absoluto que me hizo ver la luz se produjo la tarde que el vecino rico destituyó a Valverde y puso en su lugar a Quique Setién. Si algo así es posible, me dije, es que tal vez el fútbol moderno tenga algo de emoción. Luego pasó lo de Villareal.

Es fútbol-ficción pero presiento que tres equipos como el Betis, el Alavés o el Levante tirarán de oficio y no tendrán problema en arañar los suficientes puntos como para llegar tranquilos a mayo. Del resto, al Mallorca lo veo mal, Valladolid, Leganés y Eibar andan bastante tocados y lo del Celta es directamente inexplicable y digno de estudio. De todos, quien mejor ha fichado -y de largo- es el RCDE, sin subestimar los interesantes refuerzos del Valladolid, que pierde a Lunin pero se lleva, entre otros, a Ben Arfa (todo un personaje, para lo bueno y para lo malo). A Embarba le he visto un par de veces en Vallecas esta misma temporada y me parece un futbolista muy interesante. El uruguayo nuevo, Cabrera, tiene el ADN de los Hugo Carrizo o los Evangelista, con lo que solo por lo que pone en su pasaporte ha de ser fiable, sí o sí; si finalmente viene alguna cesión del corte Reinier o Brahim, el optimismo estaría totalmente justificado.


¿Objetivos? En el corto plazo (febrero), lo vital es arañar todos los puntos posibles al Granada, Mallorca, Sevilla y Valladolid. Considero que la llegada de media decena de jugadores en enero es fundamental aquí: caras nuevas para airear el ambiente de un vestuario que en diciembre nos dejaba las familiares sensaciones de banquillo que acaba de descender a segunda. Y sí, a partir de ahí, veo complicado que el equipo no consiga los veintitantos puntos necesarios para no bajar.

Visualizo la última jornada a finales de mayo y veo a RDT haciendo el caballito a Abelardo, como Callejón a Mourinho en aquel partido de Mestalla. Sin duda será un mes de mayo complicado, con dos partidos cruciales ante rivales directos por la permanencia (Leganés y Celta), y la visita al campo nuevo -y recalificado- el día 10. Para entonces, a Setién ya se le habrá cruzado un Manolas o un Red Bull Leipzig de la vida, con lo que el pronóstico es abierto. El caso es que los periodistas deportivos más cursis dicen que la permanencia últimamente «está barata» y creo que en eso no se van a equivocar.

¿Y si finalmente se baja? Si se baja no se acaba el mundo. Se bajó en los ochenta y en los noventa, y el equipo recuperó la categoría poco tiempo después. El mismo Quique Setién lo sabe cuando nos suelta uno de esos aforismos impagables: «Lo del gol es una suerte que va y viene»… Si se baja en mayo, que tomen nota los que deben, sin perder de vista lo fundamental: que todavía hay tiempo, y que quedan cincuenta puntos por disputar.

José Miguel Gala

Perico y madrileño, autor de «La maldita vida futbolística de Wolfram Wuttke»

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