Hace ya unos cuantos meses que desde LCD me pidieron un nuevo artículo de opinión. Empecé a escribirlo varias veces y no daba pie con bola. Todo lo que me salía era triste, depresivo, catastrofista,… Finalmente llamé a Miguel Ángel y así se lo dije: “Lo siento, pero no puedo. Ni me apetece ni me veo con ánimo”.

A mis 54 años, tras toda una vida de pasión por unos colores, no solamente no me apetecía ir al Estadio, sino que además ni siquiera me motivaba hablar de nuestro club. Mi sensación, hablando con los amigos, con los compañeros de 3.0, con los vecinos de localidad, asomándote a las redes sociales o a los medios de comunicación pericos es que la mayor parte de nuestra masa social se siente así: triste, desorientada, sin esperanza, podría decirse que en un estado casi depresivo,…

¿Qué ha pasado para llegar a este punto? ¿Qué factores lo han provocado?


Haciendo un ejercicio de memoria, recuerdo aquellas épocas en el Gol Sur de Sarriá. Descendimos en dos temporadas, salvo raras excepciones nuestro puesto habitual era con suerte a media tabla, nunca habíamos vivido ningún título, pero Sarriá era un fortín. Conocíamos nuestras virtudes y nuestras limitaciones, casi siempre sufríamos y disfrutábamos poco, pero nos sentíamos identificados con el club y orgullosos de lo que éramos.

En Montjuic algo empezó a cambiar. Perdimos parte de nuestra identidad pero una gestión errática y espantosa en lo económico vino acompañada sorprendentemente de éxitos. Por fin vivimos dos títulos y ¡ay! un nuevo desengaño en Europa. Alternamos claros y oscuros, triunfos y los habituales sufrimientos, pero el ánimo y la moral seguían altos. El espíritu españolista permanecía intacto.

Los inicios en Cornellá fueron una agradable sorpresa. Éxito social, récord de socios, el campo lleno. Parecía que el espíritu del viejo Sarriá se reencarnaba en un nuevo estadio, pero lamentablemente fue un espejismo. La ruina económica a la que nos llevó Dani y sus directivas, la deficiente gestión social, la progresiva pérdida de identidad del club, fueron llevándonos poco a poco hacia el abismo. A pesar de todo, el espíritu perico que siempre aparecía en los malos momentos, se mantenía. Aunque llegáramos a la ruina, al riesgo de desaparecer, se hablaba de renacimiento, de refundación, de empezar de nuevo aunque fuera de cero.

Finalmente se produjo la venta de la mayor parte del accionariado a un nuevo propietario. Si desde que pasamos a ser una SAD el club dejó de ser de los socios, ahora la situación adquiría una cruda realidad: más del 99% de las acciones pertenecían a una empresa extranjera. Podía ser un duro golpe para nuestra identidad pero por contra suponer el fin de las penurias económicas y una gestión empresarial profesional. Además se vislumbraba un proyecto económico y deportivo claro. Entre el españolismo creció el optimismo: por fin podríamos aspirar a ser lo que siempre habíamos soñado y conseguir estabilidad, éxitos deportivos y crecimiento social.

Así pues, ¿qué ha pasado? ¿En qué se diferencia el momento actual a otros vividos previamente? Si hemos sufrido descensos, ruinas económicas, desastres deportivos, aburrimiento y monotonía durante toda nuestra historia, ¿porqué ahora el españolismo parece sumido en una profunda depresión?

Creo que podemos encontrar dos factores claves, ambos claramente emocionales:

El primero, el desengaño. Hace dos años creíamos que desaparecíamos para siempre bajo el peso de la enorme deuda económica acumulada durante temporadas. El ambicioso proyecto de liquidación de la deuda y las promesas de éxito deportivo (recordemos que se habló de llegar a la Champions en tres temporadas) nos hicieron soñar. Por eso la situación de los últimos meses y el desastre actual está siendo un golpe muy duro para todos. Volvemos a hablar de deudas, ventas de jugadores, mala planificación, destitución de entrenadores, falta de proyecto,… Vamos, lo habitual. Es lógico que nos afecte desandar el camino andado pero para mí no es lo más importante. A lo largo de nuestra historia hemos superado situaciones peores.

Creo que hay un segundo factor clave. Para entenderlo, hagámonos algunas preguntas. ¿Qué representa ser del Español? ¿Por qué sobrevive un club deportivo pequeño, pobre y sin apoyos frente a otros enormes, ricos y con un gran poder social y mediático?¿Porqué alguien decide ser de nuestro club si nunca o casi nunca le ofrece satisfacciones? Pues bien, si no eres perico desde siempre es imposible que respondas a estas preguntas con certeza. Simplemente, desconoces las respuestas.

En un artículo anterior describía qué cualidades nos distinguen a los pericos, qué tipo de personalidad tenemos, cuáles son nuestros valores,… Eso explica porqué a pesar de todas las adversidades hemos resistido firmemente a lo largo de nuestra historia.

¿Se puede gestionar un grupo humano si los dirigentes desconocen cómo es ese grupo? ¿Se pueden saber sus reacciones, sus miedos, sus anhelos? ¿Se puede conocer que siente alguien si nosotros no compartimos ese sentimiento? La respuesta es evidente, no. Podemos sospechar o creer pero la certeza nunca la tendremos si no sentimos igual.

Por eso en el momento actual se produce una situación doblemente complicada: difícilmente los dirigentes del club sabrán cómo hablar a sus socios, como van a reaccionar o cuales son sus prioridades si no hay españolistas entre ellos. Por otro lado, los socios del Español difícilmente entenderemos actitudes o decisiones de los dirigentes si no son “de los nuestros”.

Creo que ahí radica la gran crisis en la institución, la gran desafección en la masa social, la gran brecha que se está produciendo. Solo hay una forma posible de solucionarlo: necesitamos que desde el club se cuente con españolistas de corazón y sentimiento para que dirigentes y masa social hablen el mismo idioma. Unicamente así caminaremos juntos y volverá el espíritu inmortal del viejo Sarriá.

Antonio Arumí Vizmanos

Accionista y Socio 2400.

Firmante de la Carta Abierta al presidente del RCDE.

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