Estamos en segunda división (en minúscula) por sobrados méritos. Hemos cosechado la friolera de cinco victorias en todo un campeonato. Con cuatro entrenadores distintos. Ni siquiera el último, Rufete, ha sacado un solo punto, ni un mísero empate, y eso que recibimos en casa, en la fase coronavírica, a Leganés y Eibar contra quienes nos jugábamos la permanencia (*). Todo un hito. Se dice que nos traemos al entrenador del Mallorca, Vicente Moreno, que ascendió a la máxima categoría al equipo insular desde 2ªB y en tiempo récord. Que tiene su qué semejante hazaña, pero también es cierto que lo ha descendido, eso sí, él solito. Cuando menos le ha ahorrado a la entidad tres despidos con sus correspondientes finiquitos. En fin…

No sé si servirá de consuelo a otros pericos, pero yo no viviré un irresoluble conflicto a la hora de “adaptarme” a nuestra nueva categoría. Nunca he sido un aficionado loco por un RCDE-Barça o un RCDE-Real Madrid. Siempre he preferido esos partidos en los que el equipo cuenta, a priori, con más posibilidades de ganar, pues prefiero ver a mis chicos ganar que verlos perder. Me tira más un RCDE- Rayo o un RCDE- Osasuna, lo que podríamos llamar “nuestra liga”. Bien es cierto que en esta aciaga temporada cualquier equipo que nos ha visitado parecía a nuestro lado el Ajax de Ámsterdam de la era “Cruyff” o el Bayern de Múnich de “Beckenbauer”. Por ello no me rasgaré las vestiduras por acudir al estadio para presenciar un duelo contra la UD Las Palmas, el Numancia o el Sporting de Gijón (si finalmente lo autorizan esos grandes gestores de esta jodida pandemia, que son la envidia de medio mundo según un pormenorizado estudio de la Universidad de Cambridge que concluye que España es el país que peor lo ha hecho de todos los que integran la OCDE).

El peligro reside en adaptarse demasiado bien a la nueva categoría y permanecer atrapados en ese nicho ecológico por largo tiempo, como ha sucedido a equipos de renombre y brillante palmarés, sea el caso del Real Zaragoza. Dice, y con razón, Carlos Acosta que la segunda es muy pero que muy complicada, pues has de ser uno de los dos mejores entre 22 contendientes bastante igualados para agarrarte a una plaza de ascenso directo. Hay más opciones, ahí está la promoción, pero no es lo más recomendable para el sistema nervioso central del aficionado. Este año, por cierto, el Girona FC (de la ciudad de Gerona) ha entrado en la mejora y disputará la “promo”. Sólo faltaría que ascendiera la franquicia gerundense del Barça, o Barça-C, y nosotros en segunda… con la de risas que eché hará cosa de un año celebrando su descenso. Dicen no sé qué del karma, que a veces te vuelve y te da un bofetón de aúpa en la cara. Espero que no se dé tal.

Como va dicho, uno ha de ser consciente del lugar que ocupa en el mundo, en la jerarquía, y por mucho que nos fastidie, la segunda es ahora nuestro hábitat. En la actualidad somos un club y un equipo de segunda en todos o casi todos los órdenes, ésa, por dolorosa que sea, es la PV, siendo V “verdad” y P “pura” o su contrario. Se trata de ver si en lo sucesivo seremos merecedores de regresar a la que es nuestra categoría natural por histórico desempeño, pues no en vano somos uno de los clubes, quinto o sexto, que más años ha competido en Primera.

Muchos pericos responderán airadamente que “por sentimiento” de sus aficionados (la força d’un sentiment) jamás habríamos de descender. A mí, la verdad, esas invocaciones al sentimiento me dejan un pelín frío, pues todo el mundo los tiene. Los culés tienen sentimientos, supongo, los hinchas del Deportivo de La Coruña los suyos y también los de la Unificación Bellvitge. Y no se ha inventado aún el «sentimientómetro», es decir, el aparatejo que establezca la valencia de las cargas sentimentales comparadas entre aficiones. ¿Quién tiene más? ¿Quién menos? ¿Quién los más nobles o los más viles? Para mí tengo que incluso Pablo Echenique dispone de ellos y no toleraré que ningún gracioso largue el chascarrillo de que “ni un mecánico se los encontraría”, pues burla semejante iría en desdoro de las más elementales normas de urbanidad y constituiría una intolerable afrenta a su persona. De modo que chitón y nada de bromas de mal gusto.

Hemos caído bajo no, profundo. Cuando se toca fondo es el momento de la catarsis, se supone, y hay que aprovechar esa ocasión fatídica para replantearse muchas cosas y dejar a un lado lo que no sirve, pues toca afrontar la dura travesía del desierto. Leo en LCD que empezamos, cómo no, con el culo, con un pedazo de pifia a cuento de nuestra “identidad”, como sostiene Ernesto Martí en su último y atinado artículo. El fichaje “identitario” se retrata ante los trofeos del Barça a guisa de tarjeta de presentación… átame esa mosca por el rabo.

De acuerdo, no nos borramos, ni nos doblamos, pero el RCDE ha de ser de una PV, donde V es “vez” y P “pura” o su contrario, lo que la mayoría de aficionados españolistas queremos que sea. Señor Chen, se lo dice un socio de la escala básica. Y ha de saber que en mucho tiempo no habrá otros cotizantes: no captará nueva clientela… me apuesto los bigotes. Cambio y corto.

(*) Rectificación: Rufete acaba de poner broche de oro a su etapa como entrenador con un puntito ante el Celta en la última jornada del campeonato “coronabírrico”, no por “birra”, sino por birria.

Javier Toledano Ventosa

Perico de los palotes

Peñista en Doctor Gert


Comentarios

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1 COMENTARIO

  1. Ha escrito usted Don Javier una PV.
    Esperemos que la etapa en segunda división sea buena y muy breve.
    Sin duda los partidos serán mucho mas parejos y competidos. Varios de ellos de pierna fuerte y patadón hacia arriba. No lo dude.

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