¡Siete caballos que vienen de Bonanzaaaaa!… así comenzaba el singular show de la mini-vedette Nuñito de la Calzada, camisas de imposibles estampados, en un programa de Alfonso Arús que se emitía por TV en los años 90. Creo que el programa se llamaba ¡Al ataque! y lo echaban los viernes en prime-time por Antena 3. Sus creadores llamaban atinadamente a ese formato la televisión cutre y salchichera.

Nuñito era una suerte de híbrido hilarante entre el genial humorista Chiquito de la Calzada, recientemente fallecido, un intuitivo distorsionador del lenguaje, un tipo entrañable, sin malicia ni doblez, salido del pueblo llano, pero llano, llano… del también llorado (y reído) humorista Eugenio, el mejor cuenta-chistes de la Historia (por eso Nuñito de la Calzada cuando acometía un chiste daba la entrada diciendo aquello de “saben aquel que diu…”)… y, cómo no, del presidente del Barça, José Luis Núñez, que hace apenas unos días pasó a mejor vida.

El personaje de ficción compartía espacio con otras viejas glorias de entonces: Ramón Mendoza, presidente del Real Madrid, a quien en sueños (pesadillas) se aparecían el verborreico Valdano y su partenaire Cappa en forma de vampiros… Gil y Gil sumergido en el jacuzzi, parcialmente, pues su oronda panza flotaba como queriendo corroborar el principio de flotabilidad de Arquímedes, ¡Eureka!, siempre rodeado de las despampanantes “mama-chicho”… y con el patriarca editor de la gens Lara, a quien imitaban largando unas aspiraciones nasales descomunales que habrían servido para esnifar de una tacada toda la cocaína procedente del altiplano andino.


El auténtico Núñez ya era un personaje de astracanada sin necesidad alguna de parodia. No es broma, por la tele llegó a decir, están las imágenes grabadas y un servidor lo recuerda, que “el Barça tenía una salida complicada -disputaba una eliminatoria europea- a Werder”, en lugar de a Bremen, que es la ciudad del citado club. Pero no escarmentó, y en el ámbito doméstico, su conocimiento infuso de la geografía le jugó otra mala pasada, y no recuerdo esta vez si mandó a su equipo a “Celta” o a “Osasuna”. Para quitarse el sombrero.

Como buen presidente del Barça, el club de los valores, Núñez pasó por la cárcel. El interfecto, a finales de los 70, recogió el testigo de Agustín Montal, el último presidente de un club español que hizo socio de honor al mismísimo general Franco, cuando éste ya andaba entubado y a punto de hacer guardia sobre los luceros, y se lo pasó al histérico hooligan Joan Gaspart, segundo de abordo. La terna de aquella directiva la completaba Nicolás Casaus, que érase un hombre a un puro habano pegado, artífice de una curiosa teoría: “para que un jugador fuera bueno, tenía que ser guapo”… y por esa razón fichó a un brasileño “rubiales” llamado Cleo, más capacitado para las fotonovelas, y otros palomeos, que para el fútbol.

En el HABER de Núñez se ha dicho siempre que nunca dejó que Jordi Pujol, padre de la patria y hombre, como se ha visto, de valores ejemplares, controlara el Barça, a pesar de sus intentonas. Será verdad, pero a muchos pericos nos parecía ya entonces que el citado club desprendía cierta hedentina turibularia de genuflexa postración ante el régimen naciente… el régimen de la exacerbación de los sentimientos localistas, que, con los años, sería dominante, y de un tiempo a esta parte hegemónico, asfixiante. Cierto que el proceso de politización extrema en can Barça se aceleró con el desembarco de esa alegre troupe formada por Laporta (Laporta president, Catalunya independent!), Sandro
Rosell, también en prisión, y ahora Bartomeu, que no está en prisión, pero tiene las puertas abiertas para entrar cuando quiera y adietarse (la llamada dieta “Biomanán”) con una de esas huelgas de hambre que se han puesto de moda.

Lo cierto es que Núñez acabó con sus huesos en la cárcel por viejos líos fiscales, que es algo que en el Barça se lleva mucho. Si no recuerdo mal, esos problemillas comenzaron en la época en que Borrell, hoy ministro de Asuntos Exteriores, concertaba el modus operandi del aparato recaudatorio de Hacienda en Barcelona al mando de su voraz banda de amiguetes, asunto que, filtrado “por fuego amigo”, desbarató su aterrizaje en la Secretaría General del PSOE, aun habiendo ganado unas primarias contra el aparato de ese partido que presume a todas horas de un montón de años de “honradez”, más de 130 (dime de qué presumes…).

Los chanchullos del finado tendrían que ver con la fiscalidad de su empresa inmobiliaria, Núñez y Navarro. La diferencia con Núñez de los dirigentes más recientes del Barça es que todos han tenido problemas con la Justicia, pero no por cosas tangibles como la construcción de edificios y la liquidación fiscal relacionada con esa actividad, sino por comisiones “a mi bolsillo” en fichajes, contratos turbios y embarullados y otras gaitas… nada de trapicheos “a pie de obra”, pues no han pegado un sello en la vida. Y es que los edificios dejan más huella que no los balances trucados y las mordidas y pillerías que se difuminan en el especioso ámbito de la doble o triple contabilidad.

En todo caso Núñez ya no está aquí para alegrarnos la tarde largando por esa boquita que el Barça tiene un difícil partido en Schalke o un largo viaje a Ferencvaros… pero el Barça sigue ahí, devaluando todos los valores que dice encarnar. Quizá es la nostalgia, la pérdida de la juventud, que nos hacemos mayores, que desfilan Mundiales y Olimpiadas cada cuatro años a velocidad de vértigo (los hijos crecen, las madres envejecen)… y que la vida se pasa en un chiflido. DEP, Nuñito de la Calzada.

Javier Toledano Ventosa

Perico de Los Palotes

Peñista en Doctor Gert

 

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