Azul. Así tengo la sangre. Vale, y un poquito blanca también.

Pero azul, bonito. No de ese azul de los príncipes y de las princesas no.

Un azul que brilla. Un azul noble de sentimientos. De ese azul que enamora.


Un azul lleno de alegría, de pasión y de ilusión.

Un azul muy especial, del cual solo unos pocos lo entienden. Un azul incomprendido si, pero indispensable.

Un azul que luzco con orgullo. Que te hace diferente. Que entiende de valores. Que entiende que dar un abrazo a un desconocido que también lleve ese azul, es como dárselo a un familiar. Un familiar de esos que se alegra de tus éxitos pero que te apoya en tus fracasos.

Os juro que mi sangre es azul, y un poquito blanca.
Porque sin el blanco no sería el mismo azul.

Un blanco pureza. Un blanco muy leal, que es muy humilde, pero sabe que sin el blanco, ningún color existiera.

Pero es un blanco guerrero, que nunca deja que lo manchen. Siempre impoluto.
Sí, así nací.

Y así moriré sin lugar a dudas.

Con mi corazón bombeando sangre blanquiazul que en vez de hacer “pum pum” en cada latido, grita real club deportivo ESPANYOL.

Lorena Mostajo 

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