Todos conocemos el dicho de que en España todos los hombres llevamos dentro un entrenador de fútbol. Bueno, hoy en día no debería discriminar por sexo, pero sólo describo una realidad social sin más. Y las discusiones sobre el devenir del equipo, los jugadores, el entrenador y el nuevo fichaje del delantero chino las dejo a los que de verdad entienden de este deporte. Yo no me atrevo a entrar en esta discusión.

Mi colaboración con este medio deportivo se circunscribe a mi formación y experiencia como economista y analista financiero. Y veo con preocupación la asistencia o, mejor dicho, la falta de asistencia de público a nuestro Estadio.


No voy hablar de los poco más de trece mil espectadores en los cuartos de final de la Copa del Rey contra el Betis Balompié, ni de ser el decimotercer equipo en términos absolutos en asistencia media, pero con el hándicap de ser el último equipo en la clasificación en términos relativos a la capacidad del campo de fútbol.

Esta situación es todo un reto para los actuales directivos del Club. Mucha tinta se ha derrochado con la nefasta gestión de los incrementos de los abonos. Y eso que las primeras semanas de competición, el equipo desarrolló un juego vistoso que nos llevó a posiciones inimaginables hace unos años atrás. Incluso se acuñó el término “darderismo” como sinónimo de equipo capaz de estar luchando por algo grande. Sin embargo, la respuesta del socio o del aficionado blanquiazul no fue la esperada. Las promociones trasnochadas no pudieron luchar con el efecto devastador de la subida de carnets.

Pero el colmo de los colmos se produjo este domingo en partido de máxima audiencia contra el Real Madrid. La mala gestión de los responsables de la seguridad del campo y de los porteros de control de acceso hizo que un elevado número de socios tardara entre 15 a 20 minutos para poder acceder a su localidad. Las puertas 57 a 62 sólo funcionaban con dos personas de seguridad. Los accesos no absorbían la asistencia de aficionados. Sin embargo, justo en los accesos de la misma zona, pero en primera gradería, la cantidad desmesurada de personal consiguió que el acceso fuese sin espera. Pero los responsables de porteros han seguido la estela de esa desidia de nuestros directivos. A pesar de las protestas airadas del público, ni inmutarse. No han dado la talla; no han sabido reaccionar y reorganizar al personal de acceso. Su actitud se asemejaba más a los malos linieres o árbitros engreídos, chulescos que miran con suficiencia al chico que acaba de subir de las categorías inferiores en un club modesto, pero que se defecan ante los aspavientos de los jugadores del Barcelona o del Madrid.

Esta misma semana se está realizando FITUR, la mayor feria de turismo del mundo. España es una potencia en saber hacer. Nuestro trato al cliente es exquisito. Pues bien, en lugar de estar con la sonrisa en la boca, la ilusión del visitante, el por favor, pasen, entren y vean, están en su casa, esos empleados les importaba un bledo si unos doscientos sufridos socios entraban en el minuto 10 o en el 15 iniciado el partido y ya con uno o dos goles en contra… Mal vamos señor Roger.

Javier Belsa.

Economista y Perico en vena.

Socio RCDE núm. 2.603

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