Hoy se cumplen 15 años del gol de Raducanu en Villarreal. Muchos de ustedes se acordarán de ello, la mayoría, siempre y cuando no sean ustedes dirigentes del RCD Espanyol hoy. En ese caso lo más normal, por desgracia, es que no hayan oído hablar jamás del espíritu Raducanu.

Corría por tanto el 1 de febrero de 2004, y el Espanyol como tantas veces en su historia se encontraba con el agua el cuello en la tabla de clasificación. Más o menos, como nos encontramos ahora. Nada nuevo bajo el sol.

No sé si es buena señal que uno empiece a contar efemérides en primera persona, en plan batallita, pero en este caso me apetece hacerlo. En cualquier caso, siempre es mejor poder contar que lo contrario.


Un servidor de ustedes en 2004 era consejero joven del Espanyol, el más joven de la historia, de hecho. Fundamos La Curva Jove, hicimos la versión del himno en rock y alguna cosa más, como el máximo de desplazamientos masivos que podíamos, siempre en sintonía con la FCPE y con el trabajo impagable de algunos empleados del club como Jaume Martínez.

Uno de ellos fue aquel ya legendario Villarreal-Espanyol. Al pueblo castellonense se desplazaron más de 3.000 pericos, el club socialmente estaba vivo, muy vivo. En muchas cosas era un desastre, como de costumbre, pero el perico sentía y vivía en sus carnes la pasión por lo blanquiazul. Nos hervía la sangre.

Aunque yo no era muy de ir a palcos (al del Camp Nou no fui jamás) ese día visioné el partido desde la zona noble, porque me desplacé con un par de críos pequeños difíciles de controlar. Recuerdo como si fuera ayer el Gol de Raducanu y como lo celebró la afición espanyolista enloquecida. Al terminar el partido todos los pericos nos abrazábamos. Al echar la vista hacía el sector perico, vimos cómo algunos jugadores se acercaban a dar cariño a los desplazados. Raducanu, que acababa de llegar al club, tiró su camiseta, el público se abalanzó a por ella y la valla calló de golpe al verde. Y un buen número de jóvenes aficionados detrás de ella.

Enseguida, me bajé corriendo para la zona visitante de la grada. Allí se encontraba ya nuestro Delegado: José María Calzón y Llaneza, que entonces era el Consejero Delegado del Villarreal. Primero comprobé que nadie había sufrido ningún daño mayor, pero entonces alguien desde la grada me llamó – “Robert, Robert hemos ganado” y por un instinto reflejo, saqué el hincha que cualquier perico lleva dentro “levanté los puños y grité” – En ese momento se me echó encima Llaneza y me empezó a reprochar airadamente “que diera alas a esos energúmenos salvajes que habían roto la valla de su estadio” – Le contesté “que él se preocupara de tener el campo en buenas condiciones, que ya no estaban jugando en Segunda B como siempre” .

Y así fuimos discutiendo todo el trayecto camino al túnel de vestuarios hasta que llegó Dani, el presidente, con sus cosas malas y buenas, era un presidente perico. Y Dani tomó el relevo y el mando en la discusión con Llaneza. En el túnel de vestuario las cámaras del Canal + captaron la imagen alocada de Llaneza y como Sánchez Llibre defendía al socio del Espanyol a capa y espada, bastante más pausado y tranquilo que el dirigente del Villarreal pero firme, muy firme.

Al día siguiente Llaneza pidió perdón en los medios por haber llamado salvajes a los aficionados pericos. Incluso nos cruzaron a ambos la conversación en alguna radio en directo. Llaneza también llamó a Ivet, una joven periquita que se rompió el brazo al caer la valla.

Que el próximo domingo se viva algo parecido al espíritu Raducano en el campo es responsabilidad de los jugadores y los técnicos. Que haya más de 3.000 pericos en la grada visitante, parece que no es responsabilidad de nadie. Eso y nada más, es lo que más me entristece de recordar esta curiosa historia viva del espanyolismo de no hace tanto.

Robert Hernando

Ex-consejero del RCD Espanyol

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