Decía Sabina, en una de sus mejores canciones que “una casa sin ti es una oficina”. Valga ese símil del genio  para el fútbol sin aficionados en las gradas. Pocas cosas pueden parecerse más a un tanatorio que un partido de fútbol de elite con el estadio vacío, frío y sin alma. Sin latidos de corazón, sin el calor humano, sin los canticos de los fondos, sin la complicidad del vecino de localidad, sin banderas, sin zamarras, sin los comentarios de los medios tiempos entre bambalinas, sin el visceral sufrimiento, sin el canto glorioso del gol al unísono gargantil y eufórico de los que comparten el profundo sentimiento de unos colores.

Es por ello, que a algunos se nos hace muy difícil comprender el empecinamiento de LaLiga en terminar la competición a toda costa en el momento de luto y pena que está atravesando la sociedad. El fútbol es bulla, es algarabía unas veces. Las otras, las más, en el caso de los pericos, es padecimiento y tormento. Pero, por encima de todo, es pasión, en la salud y en la enfermedad, pero siempre pasión y hasta que la muerte nos separe.

Por mucho dinero que haya de por medio, que lo hay,  y mucho, cuesta asimilar que este campeonato se termine de una forma tan tenebrosa como pretenden. Algunos somos muy capaces de entender que la rueda tiene que empezar a correr cuanto antes, que del fútbol vive mucha gente, no solamente los futbolistas, que también. No obstante,  terminar LaLiga por decretazo a puerta cerrada y dejando de lado a los hinchas sería un golpe mortal de necesidad en un futuro muy inmediato.

Mucha gente se acabaría de desenganchar del asunto, si algunos ya aborrecemos desde hace varias temporadas las atrocidades comerciales del fútbol moderno, como los horarios, los futbolistas metrosexuales, etc… Ahora, solo falta que nos la claven doblada con un final de competición degradante en el que algunos equipos como el Espanyol se van a jugar su permanencia en primera, sin ni siquiera poder sentir el aliento o el desapruebo incisivo de sus hinchas, en el caso de merecerlo.

Lo más sensato, por lo tanto, sería dar la competición por finiquitada. Ni vencedores, ni vencidos, que bastante mierda hemos tragado ya todos, por culpa del puto coronavirus. Y de ese modo, volvernos a enganchar para la próxima temporada con más ganas de fútbol y de grada que nunca.

Robert Hernando

Escritor, Ex –consejero del RCD Espanyol

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