El príncipe por sorpresa no es Joan Gaspart. El argumento de la peli no consiste en que la princesa, la despampanante Anne Hathaway, le da un piquito a un sapo feofíceo y el anuro croante se convierte por arte de birlibirloque en un apuesto galán. Lo que no sería el caso de Joan Gaspart, de quien siempre se ha dicho que tiene una retirada al avariento Montgomery Burns, dueño de la central nuclear de Springfield, hogar de los Simpson.

El príncipe de esta historia es Turkin Nasser, un príncipe saudí (en Arabia y emiratos vecinos los hay por cientos, príncipes, claro es, y a muchos de ellos los han tratado con gran familiaridad esos insignes embajadores de la democracia que son Pep Guardiola, vizconde de Santpedor, véase palote anterior, y su doméstico Xavi Hernández).

A lo que vamos, el príncipe Nasser (sin parentesco alguno con el legendario Gamal Abdel Nasser, Rais de Egipto), dueño de la empresa Barcelona’s Project, cerró un contrato con Joan Gaspart para que éste gestionara el arrendamiento y explotación a través de HUSA, por un período de 7 años, del hotel Juan Carlos I y de otras instalaciones de su propiedad. El saudí confió en Gaspart, según consta en la demanda, por la supuesta “solvencia profesional, bonhomía (sic) y relevancia social” de quien fuera presidente del Barça, y antes vicepresidente, formando una inolvidable dupla con el recientemente fallecido José Luis Núñez, también llamado Chiquito o Nuñito de Baracaldo, y a quien dedicamos en esta sección un cálido epitafio.


Pero hete aquí que al príncipe, tumbado en su diván de terciopelo, dándole al narguilé y rodeado de undívagas odaliscas ejecutando la danza del vientre, le presentan el balance de la gestión de Gaspart donde aflora un agujero negro, negrísimo, con la Seguridad Social de unos… ¡¡¡15 millones de euros!!!… arrea. En un principio el Juzgado de Instrucción nº 16 de los de Barcelona archivó la causa, pero la Audiencia Provincial ha decidido reabrirla por contener el asunto indicios suficientes de criminalidad y dirimir al fin si la gestión encaja en el ilícito tipificado como “estafa”.
¿Qué se seguirá de las declaraciones y de la vista judicial?… Eso nunca se sabe. Pero lo que es cosa segura es que el desenlace sería otro (que Gaspart y sus hijos, también involucrados en el affaire, den gracias al Altísimo) si se conociera de los hechos en el domicilio de la parte demandante. Es sabido que en Arabia Saudí, y en sus embajadas y consulados, por aquello del principio de extraterritorialidad, la aplicación de la justicia tiene sus propias singularidades y las penas las recibe el sospechoso, o el reo, según el caso, de una pieza y las cumple descompuesto en muchas más, como sometido a un proceso de mitosis celular por obra y gracia de la tradicional cimitarra, o chafarete, o de la ruidosa y menos elegante motosierra. En suma, siempre será preferible nuestra Justicia garantista que la aplicada con mano firme, y herramientas cisorias, en la desértica Arabia.

De modo que tenemos a otro Presidente del eximio “club de los valores” metido hasta las trancas en un lío judicial. Suma y sigue… aunque, la verdad, hemos perdido la cuenta de cuántos van. He de admitir que, pese al fanatismo soberbio y rayano en el ridículo de Gaspart; él, y su predecesor Núñez, disfrutaban ambos de ese patetismo casi entrañable, naif e infantiloide del culé meloncillo de épocas pasadas.
Sus sucesores, aunque mantienen la inveterada costumbre de los tratos equívocos con la Justicia, son otra cosa, pues les adorna, es el signo de los tiempos (o tempora, o mores), una pretendida y falsa modernidad de aseados y sesudos ejecutivos que apenas disimula su total sumisión al aldeanismo indigenista que campa por sus fueros en este régimen
nuestro, etnoide y paleto, onfalocrático y trasnochado, que le paga las facturas a esa nutrida y pastueña clase media empresarial y funcionarial uncida, es su modus vivendi, al victimismo localista.

En resumidas cuentas… otro dignatario culé con horizonte a rayas… (aunque no es prudente adelantar acontecimientos, y menos aún sentencias). Se malicia uno que, dada la actual densidad de presidentes de can Barça en el universo penitenciario (tenemos a Sandro Rosell en el talego, eso sí, Lucía Caram dixit, “por el único delito de ser catalán”), podrían las autoridades habilitar para ellos un pabellón entero en Lledoners, sin ir más lejos, donde confraternizarían en el patio con otros presos echando unos buenos partidillos de fútbol sala. Sería maravilloso ver, duelo en la cumbre, un Enjoy Barça-Chirona Division contra todo un Llaç-Groc United. Un dueto de alto voltaje lírico, Nuria Feliu & Lluis Llach, podría amenizar la reñida justa balompédica en el descanso interpretando aquella entrañable coplilla popular: “A Lledoners n’hi ha una presó/ de presos mai n’hi manquen/ petita, bonica, lireta, liró…”

Javier Toledano Ventosa

Perico de Los Palotes

Peñista en Doctor Gert

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2 COMENTARIOS

  1. acertada definición de la justicia saudí… perico ¿para cuándo un palote sobre los higadillos de abidal?… parece que esa causa también ha sido reabierta.

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