Escribo esto antes del partido contra el Betis, partido que estoy seguro que perderemos, aunque ojala me equivoque, cosa que no pasa casi nunca, no por capacidad mía, si no por falta de capacidad del Espanyol para sorprenderme.

Ayer mi mujer castigaba a mi pequeña, yo no sabía dónde meterme, me debatía entre abrazar a mi hija y llorar con ella o atacar a mi mujer y meterla en el garaje por mala madre. Hacer llorar a mi princesa, tú quien te has creído que eres, pensaba yo.

Esta estampa familiar me hizo pensar en nuestro Espanyol. La afición que le queda a nuestro club es como yo con mi hija.


A quien intenta castigar al Espanyol para que crezca se le tilda de mal perico, ese perico sobra. Como si los pericos fuéramos algo tan habitual que nos podamos dar el lujo de prescindir de alguno. Pero ya se sabe hay quien sabe gestionar el amor y quien se deja gestionar por él y en este segundo grupo está la mayor parte de la afición que le queda a nuestro club.

Al Espanyol hay que quererlo sin condiciones, asumiendo que será así eternamente, es como aquel hijo drogadicto en el que has perdido toda la confianza pero al que no abandonarás nunca.

Pues no señores, el Espanyol si quiere sobrevivir necesita enamorar a mucha gente que nunca lo considerará como su hijo, no sobrevivirá con un elenco de personas que se comporten como yo con mi hija, por la sencilla razón que no sois suficientes para mantener este desastre y por el hecho de que esa no es la mejor manera de querer a nadie.

Hoy algunos medios pericos nos han llamado a la guerra, y muchos acudirán sin pensar que 20, 30 o 40.000 valientes dispuestos a darlo todo no pueden sumar lo que resta un solo cobarde, si este cobarde ocupa el cargo máximo en la dirección deportiva.

Hoy nos pedían, a nosotros y a los jugadores, estar dispuestos a “dar la vida” en este partido, cuando el máximo dirigente de nuestro club en lo deportivo no solo no da la vida, si no que se ha agenciado un contrato donde hay tareas de su cargo que no hará porque le estresan.

Hemos de ser guerreros del Espanyol con un general al que le asustan los petardos.

El problema de nuestro club no es bajar a segunda, el problema de nuestro Espanyol es NO CAMBIAR y uno de los cambios que se han de hacer es desterrar de este club a tanto miserable que ha venido para aprovecharse de él y no para servirle. Perarnau es el caso más claro, no el único en la historia de nuestro club pero sí el que nos lastra ahora. El Espanyol actual es como él; miedoso, cobarde, triste, sin personalidad. ¿A alguien le sorprende que una entidad se parezca a sus dirigentes?

ESPANYOL, yo no voy a ir al estadio hasta que no merezcas que vaya a verte, o cambias y empiezas a no dar la pena que das o yo ya no te ayudo mas.

Como puedes ver ya no te respeta ni la federación, que en su día hizo un listado de derbis y el nuestro lo excluía, ni periodistas de medio pelo, y lo que es peor ni tus propios dirigentes.

Bajar a segunda no es el mayor de los problemas, bajar a segunda acelerará algo que es inevitable si no cambias. Te vas a morir.

Eduard Calero

Socio y accionista.

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