Querido Dani,

Ayer hizo ya 10 años que te fuiste. Recuerdo aquel momento como si fuera ayer. Estaba en el cine y al salir vi más de 20 llamadas perdidas y muchos WhatsApp. «Algo no va bien»  pensé,  pero jamás podría imaginarme eso. En cuanto me contaron la noticia, me quedé en shock.

Me dirigí rápidamente hacía aquel lugar, donde íbamos a vernos un domingo si y uno no. Aquel mismo lugar donde días antes habíamos llorado de alegría y de emoción. Sí, aquel lugar que ahora era tu casa. Y la mía. Y allí me planté para rendirte homenaje.


Cuando llegué, ya había gente y al poco, empezó a llegar más y más. A algunos los conocía y a otros no, pero no importaba eso, nos abrazábamos como si fuéramos familia. Y en cierto modo lo somos. Una familia unida por un sentimiento, que en ese instante se quedó huérfana. Nuestro capitán se había ido al cielo demasiado pronto.

Ya sé que cuando alguien fallece, siempre se dice que es buena persona, pero tú lo eras de verdad. Jamás tuviste una mala palabra para nadie, siempre tuviste paciencia para atender a todos, y siempre lo hacías con una sonrisa.

Hiciste felices a muchos niños y a los no tan niños también. Siempre defendiendo a los tuyos como garra y coraje. Y nosotros éramos de los tuyos.  De esos pocos privilegiados a los que el corazón les late en blanquiazul. Como a ti.

Querido Dani, te fuiste demasiado pronto, pero el cielo necesitaba a alguien como tú. Estoy segura que desde allí sigues peleando cada balón, sigues marcando goles de cabeza, sigues defendiendo a tu familia. A tu escudo, al mío, al nuestro. Por aquí te seguimos echando de menos. Y yo suelo lucir la camiseta que me regalaste con mucho orgullo.

Querido capitán, gracias por pertenecer a los nuestros. Te queremos. Y en cada partido te rendimos homenaje.

Nunca nos dejes solos. Siempre eterno.

Lorena Mostajo

Escritora perica

 

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