Esta semana conocíamos el informe sobre el fútbol inglés que recoge la necesidad de crear un organismo regulador independiente que sustituirá a los organismos existentes. Es como si en España se creara un estamento nuevo -o por encima- de La Liga de Tebas. El estudio está en la mesa de los políticos que reciben presiones de los Jeques a los que no les gusta la supervisión externa.

Más control en el fútbol inglés era un ruido de fondo provocado por la entrada de los capitales extranjeros que si bien han llevado a la Premier a lo más alto ha dejado en la quiebra a históricos como el Bury, el Derby County o el Wigan Athletic. Los decibelios se dispararon con la propuesta de la Superliga y, sobre todo, por la evaporación de 2.375 millones de euros provocada por la pandemia y que ha dejado muchas miserias al descubierto.

Pero el documento es muy extenso y va más allá de los dineros. También trata de encauzar de manera ordenada reacciones como la salida airada, callejera y multitudinaria de los aficionados ingleses contra la propuesta de la Superliga. Se regula que los socios puedan vetar temas muy trascendentales como la incorporación de sus clubes a otras competiciones, la venta de su estadio, cambios en el escudo, los colores del equipo o el nombre del Club.

En el mundo empresarial es habitual que los gobiernos se reserven la posibilidad de veto sobre decisiones que afecten a compañías que operan en sectores estratégicos nacionales por lo que los aficionados asemejarían tener esa posibilidad al impedir ciertas acciones en sus Clubes.

Si la propuesta sale adelante nacería un nuevo gravamen sobre los fichajes con un impuesto del 10% destinado a ligas inferiores y futbol base. La Premier es la Liga con más igualdad entre sus participantes y apuestan aún más por ello. Sin duda, la competitividad mejora incontestablemente el interés por el deporte y, por ende, su negocio.

El informe es completísimo, pues se permitiría de nuevo la consumición del alcohol dentro de los estadios. Una buena noticia para los culés que conseguirían alegrar el cuerpo en estos tiempos de aguda crisis.

Para el Espanyol competir con rivales mejor controlados en lo financiero sería una excelente noticia. Como lo sería tener protegida la influencia de los socios en el devenir de decisiones históricas que afecten a nuestro Club. La entrada del Presidente Chen trae una estabilidad financiera inimaginable pero no podemos olvidar que somos una sociedad china y estamos en manos de un señor que vive a nueve mil kilómetros de Barcelona. Sin ir tan lejos, al Espanyol se le llama así porque unos idiotas de la Generalitat obligaron a la supresión de la Ñ a cambio de los permisos para recalificar Sarrià. Los cobardes directivos del momento tragaron y una ley como la reforma inglesa al menos hubiera democratizado este tipo de atropellos.

Tomás Guasch LLovensà

Soci 4.270 i accionista


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