Dentro de unos meses se abrirá el concurso de los derechos de televisión de La Liga. Se van a pedir 1.300 millones. Y otros 1.000 millones por el mercado internacional. Las cifras que se proyectan es pasar de 4 a 9 millones de abonados en 2020. Cifras récord. El Sector tiene buenas perspectivas. Nuestro Espanyol está financiera y patrimonialmente mejor que nunca aunque la gestión social, económica y deportiva no haya brillado. Se comenta que puede haber algún movimiento accionarial porque los números del conglomerado Rastar no son lo que eran y el apetito inversor de su país puede haber cambiado.

Este verano viviremos transacciones económicas que nos dejarán de nuevo alucinados. En esta locura moderna del fútbol hay una excepción. Se llama Alemania. Este país, tiene una de las mejores economías del mundo. Los inversores pagan por su deuda pública al considerarla como el activo más seguro. Las empresas alemanas llevan décadas sentando cátedra económica. A los catalanes se nos deben poner los pelos como escarpias cuando amenazan con irse.

¿Y cómo tratan los mejores a su fútbol? La Ley germana del deporte prohíbe desde hace dos décadas que los inversores extranjeros puedan tener una participación superior al 49% de un Club de Futbol. La norma tiene su excepción cuando los inversores lo hayan financiado durante 20 años. Así evitan que los tachen de proteccionistas a la vez que consiguen ahuyentar a los especuladores que jamás mantendrían una inversión tanto tiempo. Y si lo hacen, acaban siendo más forofos que el escudo. Con esta normativa, Alemania ha logrado mantener el control de sus Clubes. Cierto que no es un modelo muy aperturista, incluso se contradice con la filosofía exportadora teutona, pero antepusieron conservar la representación de los socios, el núcleo asociativo.


Uno de los mejores clubes del mundo es el Bayern de Munich. Y no sólo por quitarse de encima al filósofo Pep, sino además por su estructura de capital: el 25% se lo reparten Allianz, Audi y Adidas siendo el 75% restante propiedad de los socios.

¿Nos imaginamos un Espanyol repartido entre por ejemplo, Grifols, Freixenet y Almirall (cuesta encontrar empresas punteras con sede en Catalunya) con la mayoría del capital en nuestras manos? Un sueño.

Como en todo hay una doble vertiente, la normativa alemana provoca que el inversor extranjero busque otros países al no poder controlar la mayoría del accionariado. Al entrar menos dinero en su fútbol, sus Clubes tienen más complicado triunfar en competiciones internacionales, porque su Liga es menos potente.

Yo sigo apostando por la posesión de los Clubes por sus socios. Porque permite una mayor sostenibilidad. Quedan protegidos de los terremotos de capitales que provocan más daño que gloria. Probablemente cuando se pinche la burbuja del capital extranjero en el mundo del fútbol brillaran aquellos Clubes que hayan retenido la propiedad y su corazón. El Consejo Superior de Deportes español reformará la Ley a finales de año y quizás puedan copiar la norma alemana.

Aunque jamás deberemos olvidar que ninguna normativa te salva de la mala gestión. La misma que sufrimos durante décadas, provocó nuestra ruina y nos deja a merced de los vaivenes de un capital extranjero poco transparente.

Tomás Guasch i Llovensà

Soci 4.847 i Accionista.

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