Como saben ustedes Roger Guasch es el nuevo director corporativo del RCD Espanyol y por tanto el actual hombre fuerte de todo aquello que no tenga que ver con la faceta deportiva de la que se encargará de gestionar el bueno de Oscar Perarnau.

Guasch, hombre cercano al PDeCAT es conocido en las entrañas del club como “El Soprano” por su gran pasión por la Opera. Aunque si atendemos a los publicado por EconomíaDigital  parece que habría abierto su abanico de gusto musicales en los últimos tiempos apostando fuerte entre otros por Bertín Osborne.


Pero no son precisamente sus aficiones musicales lo que nos ocupa hoy. El caso es que el nuevo hombre fuerte en los despachos de la entidad blanquiazul ya ha tenido tiempo de ir mostrando sus credenciales y su talante por el entorno del mundo perico. Por supuesto, se ha encargado de afirmar por activa y por pasiva que es un hombre “nada futbolero”. Pero la realidad se antoja muy distinta. El nuevo mandatario perico parece que ha aterrizado con una tara insalvable para muchos espanyolistas. Curiosamente con la misma “mancha” que uno de sus mentores en el Espanyol. El vicepresidente del club e importante proveedor jurídico de la entidad Adolf Rousaud.

Hoy La Contra Deportiva, (mal que nos pese) está en disposición de afirmar que Roger Guasch es culé. Solamente se explica así que respondiera de tal forma a una pregunta concreta en una entrevista publicada el 7 de julio de 2015 en el digital Mundo Empresarial y realizada por la periodista Olivia Majó. Lean y juzguen ustedes mismos…

Parece obvio que no hace falta ser un lince. Analizando la respuesta a bote pronto queda claro que Roger Guasch es culé. Otro más en la sala de máquinas del Espanyol. Y miren que lo tenía fácil para ser perico con el apellido que ostenta, pero ni por esas…

Asombrosa comparación la del Liceo y el FC Barcelona como grandes símbolos de Cataluña internacionalmente conocidos hecha por un hombre que lleva tres semanas justificando que “no es nada futbolero”. Demasiados años llevamos ya algunos en el percal como para saber que cuando un tipo que se acerca a cobrar del Espanyol con la frase por delante de “buenos días no soy futbolero” esconde un pedazo de culé en lo más profundo de su ser.

Además su contestación (en primera persona) nos sugiere también que no solamente es culé. Se muestra alegremente como uno de esos barselonistes que creen, manifiestan y dan por hecho que toda Cataluña lo es también, porque así debe ser. De los que viven convencidos de que todos los catalanes nos vamos a dormir llorando cuando el Barça pierde un partido porque creemos desesperadamente que hemos perdido ya la Liga. No sin antes flagelarnos en la soledad de nuestro cuarto de baño. ¡Yo me fustigo porque soy catalán y el Barça va a perder la liga! Ni les contamos si la Roma nos remonta con un tres a cero… ¡Ya estamos tardando en enrolarnos el conjunto del pueblo catalán en una secta satánica y apocalíptica! 

Sin embargo, parece por lo visto, que algunos de los habituales cortesanos se han apresurado demasiado en elogiar la espectacular “sinceridad” del nuevo director corporativo del club al reconocerse “nada futbolero”. Las prisas no son buenas consejeras. Cierto es también que la sinceridad es la base de toda buena relación. Diríamos que en ese aspecto hemos empezado mal, veremos a ver como seguimos…

ENTREVISTA INTEGRA A ROGER GUASCH EN MUNDO EMPRESARIAL 

Usted asumió la dirección del teatro en 2013, cuando la situación económica del Liceu había tocado fondo. Con su plan de viabilidad 2014-2017, busca sanear la economía de la entidad y conseguir que el Liceu se mantenga entre los mejores teatros de ópera del mundo. ¿Qué acogida ha recibido?

Al principio había muchas reticencias. Mi primer trabajo, el día que me nombraron por la tarde, era ver cómo pagaba las nóminas. La desconfianza de los bancos era enorme porque veníamos de una época con una gestión no adecuada para el entorno de crisis. Hemos tenido que poner mucha transparencia y seriedad en la gestión para demostrar que lo hacemos bien y que la gestión de la cultura no tiene por qué ser deficitaria. Como cualquier empresa, debemos innovar: una empresa que no innova, muere. O innovamos, o seremos un teatro de tercera. Pero si sólo innovas, también mueres, porque no puedes pagar las facturas. Por lo tanto, tenemos que buscar el equilibrio entre tener productos de una gran excelencia, como la Norma que hemos hecho ahora, y otros más innovadores.

El mecenazgo es clave para el Liceu. ¿En qué situación se encuentra?

Es un tema muy complicado donde intervienen muchos factores. De entrada, el mecenazgo clásico del Liceu viene de la época de la reconstrucción. Ahora hay un cambio generacional en las empresas que nos apoyan. Los intereses de los nuevos gestores no son los mismos que los de los padres o de los primeros accionistas. Luego, debemos tener en cuenta que muchas empresas se han abocado a proyectos sociales y la cultura ha quedado relegada. Aquí es donde tenemos que trabajar. La cultura es un gran proyecto social, porque la sociedad evoluciona cuando la cultura evoluciona. Por último, tenemos que conseguir que las empresas entiendan que la sociedad civil tiene que volver a ser el motor de nuestras instituciones.

Quieren apostar también para atraer más turistas. ¿Como van los ingresos procedentes de este sector?

Es todo un proceso. De entrada hemos recuperado la marca Liceu, que había quedado algo dañada. Además, estamos haciendo una campaña fuera con operadores, agencias especializadas… No sólo para el turismo de paso, sino que queremos llevar gente que busca música. Lo que pasa es que esto lo trabajas hoy y hasta que no entras en sus circuitos, tardas un año o año y medio.

También quieren cerrar acuerdos con otras entidades culturales del país.

Sí, hacemos una operación de la mano de Barcelona Global para juntar el Palau, l’Auditori, el Liceu… con el fin de programar semanas de música para los heavy users. Todo ello sin pisarse unos a otros.

¿Qué situación ocupa el Liceu actualmente en el marco de los teatros operísticos del mundo?

Estamos en el primer nivel. Con esto a los catalanes nos pasa como con el Barça: perdemos un partido y ya hemos perdido la Liga. En cambio, vas por el mundo y el Barça es súper valorado. A nivel internacional, el valor del Liceu se mantiene y los cantantes quieren venir, pero aquí nos gusta tirarnos piedras encima. Somos un gran teatro y, fuera, la tradición de ópera de Barcelona se nota.

Para terminar, ¿cómo valora el peso del Liceu en la sociedad catalana?

El Liceu nace de la sociedad y este sentimiento está muy arraigado en Barcelona y Cataluña. El Real, en cambio, nace de las instituciones y hacia la sociedad. No debemos perder el valor social del Liceu porque es lo que hace que, cuando caes, te vuelvas a levantar una y otra vez, porque la gente lo lleva en el ADN. En el Liceu convive gente que va con vaqueros y gente con esmoquin. Es bueno que vengan todos. No somos un teatro elitista, hay precios desde 12 euros hasta las entradas más caras, porque la ópera es muy cara. Kitej tenía 400 personas cada noche funcionando. Esto cuesta mucho dinero. El Liceu es un buque insignia de la vida de Barcelona, de Cataluña y a nivel estatal. Debemos dar importancia a la internacionalidad del Liceu, conseguir que sea una gran potencia de teatro de ópera que abra las puertas de Barcelona y de nuestro país, para que la gente venga y se interese por nuestra cultura.

 

 

 

 

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