El pasado 8 de marzo se disputó el último partido del Espanyol antes del parón provocado por la crisis sanitaria del Covid-19. Aquel encuentro, en Pamplona contra Osasuna, estaba marcado en el calendario como una de las últimas oportunidades para meterse de lleno en la lucha por la salvación, pero acabó de la peor manera para los intereses blanquiazules.

Más allá del resultado (derrota por 1-0), la imagen horrorosa ofrecida por el equipo terminó definitivamente con la paciencia de la afición perica. La reacción del Espanyol con Abelardo se borraba por completo y el panorama apuntaba más que nunca al descenso.

Un mes después, LaLiga sigue parada y el futuro de la competición es una incógnita. El Espanyol espera acontecimientos mientras los jugadores se entrenan en sus casas. El paso del tiempo habrá ayudado a los futbolistas a olvidar el mal trago de Pamplona, pero la realidad es que el último recuerdo sobre el césped que tiene el espanyolismo es el resumen perfecto de la presente temporada.


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