Al finalizar el partido Espanyol- Real Madrid en octubre del 2011 en Cornellà-El Prat (nos metieron 0-4), se desató una enorme polémica con el entrenador José Mourinho por pedir a un periodista de Catalunya Radio que se le había dirigido en catalán que le hiciera la pregunta en castellano. Los medios de comunicación nacionalistas reprocharon al entonces entrenador del Madrid que hubiera obligado a cambiar de idioma al periodista, cuando unos años antes había vivido en Barcelona y compatibilizado su función de segundo entrenador con la de traductor de Bobby Robson y Van Gaal.

La faceta de traductor del entrenador portugués caló tanto que, cuando regresó con el Chelsea en el año 2006 a Barcelona para jugar en el Camp Nou el partido de vuelta de los octavos de final de la Liga de Campeones, los hinchas culés le gritaban con sorna en el aeropuerto “Traductor, traductor”. La prensa nacionalista ignoró entonces que, pocos años antes, cuando Mourinho fichó por el Milán en el año 2009, a preguntas de periodistas españoles se negó a hablar en castellano y prefirió contestar en italiano, aduciendo que había olvidado el español.  La comprensión de un idioma depende muchas veces del contexto social y del juego de intereses

Viene esta introducción a raíz del reciente acuerdo que ha firmado la entidad secesionista “Plataforma per la Llengua” con el RCDE por el que nuestro club se compromete a tratar de hacer del catalán la lengua vehicular en los campos de juego. Según el protocolo, firmado por la directora de la Plataforma, la reconocida culé Neus Mestre, y el Gerente del Espanyol, Ramón Robert, el club fomentará que las interrelaciones entre jugadores y entrenadores se hagan en catalán.

El club ha cometido un grave error con la firma de este convenio.
Como sabemos, estatutariamente no existe la obligación de conocer el catalán, pero la mayoría de los catalanes nos desenvolvemos con normalidad en este idioma. Ese hecho conlleva que en la práctica las conversaciones entre los deportistas -como en la sociedad en general- se realizan en la lengua que eligen. Por lo tanto, es la libertad de elección el principio fundamental que prima en este campo. Por ello, no acaba de entenderse porqué el Espanyol compromete la libertad de los integrantes de las plantillas y se pone al servicio de una entidad como la Plataforma per la Llengua que tiene como objetivo impulsar procesos de sustitución lingüística entre los castellanohablantes y no la salvaguarda de los derechos lingüísticos de todos los catalanes.

Acabo de recibir en mi domicilio el carnet de socio del Espanyol. Me alegra comprobar que, fruto del natural paso de los años y de mi perseverancia, mi número va bajando.  El paquete que lo envuelve luce el lema de la campaña de este año “Això ho has de viure” redactada sólo en catalán, las indicaciones del carnet también están en este idioma, así como el talonario de regalos, descuentos y ventajas.  La carta de remisión del carnet, en cambio, está en castellano y en catalán. El texto, muy épico, habla de tenacidad, orgullo propio, mirada despierta y reconoce que gracias a la inestimable aportación de todos los socios, hemos hecho grande en esencia a nuestro club y “enorme en sentimientos”.
El final de la carta me encanta: “Disfruta de la revolución blanquiazul que se acerca. Llegan nuevos tiempos ¡Y esto tienes que vivirlo!”

Menos mal que han añadido al sustantivo revolución el adjetivo “blanquiazul” porque conociendo el proceso en el que algunos políticos pretenden meternos, pudiera entenderse que nuestro club nos invita a otro tipo de revoluciones, algo más peligrosas que las que dependen del acierto de nuestros equipos. Desde luego, me consta que a muchos socios nos encantaría que los nuevos tiempos no estuvieran condicionados por seguidismos políticos que alejan al club del respeto a los sentimientos de todos los socios. Sería deseable que el club no promoviera pactos con una entidad tan hiperventilada como la Plataforma per la Llengua que trata de condicionar la lengua de comunicación de las personas. En estos nuevos tiempos, los valores fundamentales del Espanyol tienen que asentarse en la libertad de expresión y en el respeto a los derechos lingüísticos de integrantes de la plantilla y de los asociados y seguidores, sean catalanohablantes o castellanohablantes. Pues bien, resulta especialmente ofensivo que se firme un acuerdo con una asociación que pretende marginar al castellano de las comunicaciones oficiales y de la megafonía, y que entiende que la salvación de la lengua catalana depende de la constitución de un Estado propio.

José Domingo

Socio 8306 del RCD ESpanyol

Presidente de Impulso Ciudadano.

 

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