Terrible disyuntiva: siesta o fútbol. Nos llevan de cráneo con los horarios de los partidos. A un servidor el que más le repatea el hígado, cuestión de gustos, es el de sábado o domingo a las 16h 15’. Es una ruina. ¿Por qué? Muy sencillo… porque obliga a tomar una difícil elección. La lealtad a los colores o a la siesta en día festivo. Asunto de la mayor gravedad. Es verdad que en esta vida, para hacer camino, hay que dejar cosas (algunas muy valiosas) en la cuneta.

La última vez que me tocó deshojar la margarita ganó el amor a mis colores. Jugamos ese día contra el Real Betis Balompié. Marcamos primero y me ilusioné pensando que asistiría a la segunda victoria a domicilio de la temporada. Y no es que acudiera a Sevilla a presenciar el encuentro, sino a Cornellá. Pero digo bien lo de “a domicilio” porque cuando empató el Betis cientos, miles de personas, se levantaron de sus asientos para celebrar el gol (¡Musho Betis, musho Betis, eh, eh!). Tantas fueron que aquello parecía el graderío del Benito Villamarín. Estaban como en su casa, en particular en mi sector, que es uno de los córneres sin visera. Vi el partido triste y sólo, como amargamente se lamenta el cafre de Kim-Jong il en esa desternillante comedia de monigotes que es “Team America”: “estoy solito, nadie me quiere, no tengo amiguitos”… esnif, esnif.

Rodeado de béticos lloré la derrota del Español gañendo como un chucho apaleado. Comoquiera que en el marcador del estadio dieron una cifra de asistencia de 20.270 espectadores (la recuerdo con absoluta precisión), calculé que, por lo bajo, 6.000 eran hinchas del conjunto sevillano. Los más bullangueros. Se deduce, las matemáticas no fallan, que a lo sumo 14.000 éramos pericos. Es decir, sobre 23.000 socios, datos oficiales, algo más de una tercera parte (unos 9.000, más o menos) no acudió a la cita… y qué cita, una de las más atractivas del campeonato. Luego… o a muchos socios, al deshojar la margarita, les salió “siesta” o el balance de abonados que da el club está inflado, a beneficio de inventario, como una de esas encuestas del CIS manejada por el señor… ¿Tenazas o Tezanos?… ¿23.000 socios? A otro perro con ese hueso. Si somos 20.000 a corriente de pago me doy con un canto en los dientes.


Si a un perico otro día le sale “siesta”, me gustaría darle un par de consejos sobre la materia, pues, modestia aparte, me tengo por una de las máximas autoridades del ramo. Tanto como lo es Aramís Fuster en el bizarro mundo del esoterismo. Recordemos que la peleona bruja de Berga dice haber cumplido 700 años (pues se conserva la mar de bien), que mantuvo un tórrido romance con Barack Obama y, ahí radica mi admiración por la singular hechicera, se encontró una noche con la fantasmagórica chica de la curva y la subió, no a su escoba voladora, si no a su coche. Toma castaña.
Me refiero a las siestas XXL, de 2 a 3 horas, y no a esas ínfimas cabezaditas de apenas unos minutos en el silloncito que no merecen tan honorable distinción… siestuchas de aficionado. Hablo de las siestas genuinas: las de dormitorio… pero nada de orinales bajo la cama (*). ¡Qué daño hizo Camilo José Cela pavoneándose ante Mercedes Milá en aquellas entrevistas de la Transición!… Precisamente sería la necesidad de usar ese feo adminículo el punto que señalaría indefectiblemente el final de nuestra reparadora siesta.

¿Dormitorio? Sí. ¿Cama? También. ¿Sólo? ¡¡¡NO!!!… Pero, alto ahí. No se trata de eso. La “siestasaurio” es tan importante que no hace al caso supeditarla a ninguna otra función. Que nadie se confunda: esto no va de dos rombos. Nada de pensamientos
voluptuosos. No es el momento de imaginar a Anne Igartiburu o a Gemma Mengual en biquini. Cada cosa a su tiempo. Es la siesta por la siesta, como lo es el arte por el arte. Entonces… ¿En qué consiste la compañía recomendada?… Me inclinaré siempre por una mascota de peluche de tamaño medio. Ni un osito de esos gigantes, que nos ahogue o eche de la cama, ni una mascota diminuta que se nos escurra entre los brazos y acabe hecha un acordeón. Ha de ser blandita, mullidita como un cojín, pero con volumen suficiente. Y nos ha de unir a ella algún vínculo emocional.

No puedo evitar la tentación de sentar doctrina. Sé de qué hablo. Nada de ensobrarse uno entre la ropa de cama. Totalmente contraindicado. Se duerme encima, eso sí, ahora en invierno, y con este frío intenso, tapado con un par de mantitas, calzones largos del Far West, como los que llevo bajo los pantalones las jornadas futboleras en horario nocturno (intervalo diciembre-marzo), camiseta de manga corta y calcetines tobilleros: ése es el uniforme de gala para tan solemne ocasión. Y, claro es, nuestra mascota. ¿Y por qué no nos tapamos con la ropa de cama?… Evidente, para no hacer la cama por segunda vez en un mismo día. Bastará con alisar la cubierta con las manos y parecerá que nadie ha sesteado allí. Alguien dirá que el “homo sesteans”, por afición, es un soñador empedernido… se equivoca de medio a medio: somos gente práctica.

Conviene, al despertar de una siesta mastodóntica, comprobar que tenemos todos los huesos en su sitio, y que alguien cercano se asegure de que no hemos olvidado nuestra identidad y nos obligue a seguir con la mirada sus dedos o una lucecita. Hemos de validar, tras el esfuerzo colosal de la siesta, la estabilidad de nuestras constantes vitales. Los efectos de una siesta king size son similares a los de un jet-lag severo… (¿Quién soy? ¿Dónde estoy?)… y podemos tardar media hora en aterrizar en este mundo, entre bostezos descomunales y estiramientos de bestia estabulada.

Lo dicho, el horario de las 16h 15’ es una castaña pilonga. Vamos sumando años y descontando siestas. Y, la verdad, para ver el graderío vacío, o con más visitantes que locales en tu propia casa, uno claudica ante la tentación de manipular los pétalos de la margarita para que, a la próxima, salga siesta. Y ahora el Madrid. Suma y sigue.

(*) Consejos dedicados a Antonio Cases, esposo y padre de pericos.

Javier Toledano Ventosa

Perico de Los Palotes

Peñista en Doctor Gert.

 

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4 COMENTARIOS

  1. te lo digo por tu bien, perico: te baila un tornillo. me he reído mucho con tu tesis sobre la siesta, pero no invitas al aficionado precisamente a acudir al estadio… y es más necesario que nunca… lo de aramís fuster es de traca, pero que a tu edad, ya no eres un niño (según la foto), sigas durmiendo con tus peluches es para hacérselo mirar…

  2. ¿Exactamente qué sección de la info perica cubres, Perico? Yo soy uno de los de la “siestucha de aficionados”. No me cabe la menor duda de que eres un gran especialista en dicha materia. Tanto que no te quedan muchas neuronas operativas para ocuparte del fútbol. De acuerdo con Pótamo: a tu edad y con peluches… algo no encaja. Nos vemos en Sant Boi. Quiero decir, todo hijo de vecino tiene sus cositas, también yo… el que esté libre de culpa que tire la primera piedra, pero tú estás de atar.

  3. Gracias, Pótamo y Fumanchú, por esos comentarios que tanto me animan. No os falta razón: la vida es así, el paso del tiempo se cobra su peaje y si nuestro organismo poco a poco se deteriora, lo dicho, es ley de vida, pues lo mismo pasa con las funciones cerebrales. La lucidez plena es un imposible y sólo está al alcance de contadísimas personas. Con todo quiero matizar una cosa. Es verdad que en estos palotes no daréis con información u opinión técnica de gran valor. Ése no es mi registro, pues no estoy capacitado. Para eso ya cuenta LCD con los documentados artículos de Carlos Acosta cuando se trata de glosar al próximo rival o de hacer una valoración del juego de nuestro equipo. Para asuntos de tipo institucional nada mejor que leer a Hernando o a Guasch que para algo manejan info de primera mano… eso por citar algunos ejemplos, pues hay muchos más, como las valiosas pinceladas históricas que asoman periódicamente en la sección de opinión. Eso no quita que nos aproximemos al fútbol desde otra perspectiva, acaso algo histriónica, lo admito, y por ello “urdo” estos palotes, con la única intención de entretener y de proponer, entre bromas, alguna reflexión incluso seria. No sé si lo consigo, pero mientras me dejen lo seguiré intentando. De nuevo mil gracias por vuestra paciencia y consideración… y buen humor…

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