Muchos se la prometían muy felices con el tan cacareado triplete azulgrana esta temporada, portadas premonitorias de diarios culés las encontraran a patadas,  pero después de que la “copita linda” como bautizó Messi a la Champions se esfumara por el tubo gordo del retrete a causa de la sonora y épica victoria del Liverpool que pasará a la historia de la antología del fútbol para siempre. Algunos culés igualmente, querían consolarse con el doblete ganando la Copa del Rey de España en Sevilla. Pero es que amigos, Sevilla tiene un color especial, Sevilla sigue teniendo su duende.

Y es que justo el 7 de mayo, la misma fecha en la que el Barcelona cayó humillado en Liverpool se cumplían también años de aquella mítica final de Sevilla, de 1986 en la que el Steaua de Bucarest vencía al equipo culé en los penaltis en la final de la Copa de Europa, que era la “copita linda” de aquel entonces. El protagonista y héroe de la noche fue el guardameta Helmuth Duckadam que hizo célebre aquella frase de Puyal de “Duckadam t’estimo” ¿O era Urriti?.  Sea como fuere, para el caso es lo mismo, que Sevilla no nos iba a fallar y no nos falló.

Y así las cosas el Valencia hizo lo que tenía que hacer, lo que hacen los equipos de verdad, ganar un título el año de su centenario igual que el RCD Espanyol, para petardear la mascletà y la cremá todo lo misma noche. En definitiva que de triplete nada de nada, a no ser claro que se refiriesen las crónicas a la clasificación europea del Espanyol, a las dos palmadas del Barça en Champions y Copa y al descenso del Girona, eso sí lo podríamos aceptar como triplete del bueno.


Pero por si no hubiese suficiente sainete en la amarga caída culé, la anécdota de la jornada la puso una aficionada culé a la que TV3 le dedicó una “piulada” para ella sola en Twitter y unos maravillosos minutos de pantalla, que recordaron al espectador aquellos épicos e inigualables que pasaran a la historia de la televisión pública catalana, protagonizados por Marta Torrecillas más conocida como La Tetas, cuando el uno de octubre del referéndum ilegal aseguró de forma airada y maliciosa que la malvada Policía Nacional le “había roto todos los dedos de uno en uno, y encima le habían tocado las tetas”. (Después se saldó el daño con una capsulitis en uno de sus dedos).

En este caso la protagonista del Villamarín no se quejó de que un “madero” porra en mano le magreara los senos, ni de que le rompieran varios huesos del cuerpo. Su amargura y su lamento venían dados porque otra vez la “malvada” Policía Nacional española le había prohibido entrar al estadio con una camiseta de carácter político, es decir, cumpliendo lo que dice bien claro la Ley del Deporte sobre los símbolos políticos en los estadios de fútbol. Hecho que provocó que la muchacha tardará menos de tres segundos en quitarse la camiseta y quedarse en sujetador a la suerte del sofocante sol andaluz y sin crema bronceadora, provocando de este modo ella sola el único “doblete” de la noche sin saberlo.

Pero la joven no entendió la decisión de la autoridad competente y explicó visiblemente molesta pero con todo el desparpajo del mundo a cámara que ella había ido con esa camiseta a todas partes ¡a toda partes!. Poniendo únicamente el ejemplo de “a l’escola i tot”. ¿La escuela? Sin duda, otro lugar donde no se debería entrar con simbología política… ¡De locos señoras y señores!

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