Uno de los mitos griegos más llamativos y sugerentes, en mi opinión, es el de Sísifo, fundador y rey de Corinto.
Sísifo fue el promotor de la navegación y el comercio. Utilizó su extraordinaria inteligencia y su fina astucia para incrementar sus riquezas mediante métodos ilícitos como la mentira y el asesinato. Por sus actos inmorales y criminales, Zeus le castigó en el inframundo a empujar una enorme piedra hacia la cumbre de un monte; pero cuando le faltaba poco para alcanzar la cima, una fuerza misteriosa hacía que esa piedra cayera rodando hasta la falda del monte. Cuando Sísifo volvía a empujarla hacia la cumbre, nuevamente la piedra caía y tornaba a la llanura, repitiéndose la molesta acción eternamente.

A pesar de la fatalidad del castigo, Sísifo nos enseña una actitud muy recomendable y positiva ante los retos y las dificultades que nos sobresaltan, con más o menos frecuencia, en la vida. Me refiero al tesón, al empeño en no rendirse nunca ante las adversidades, a luchar por un objetivo noble cueste lo que cueste, nadando contra corriente si fuera necesario, volviendo a empezar…

El espíritu de lucha, de tenacidad que nos propone el mito griego siempre ha estado presente en el Español, es más, ha sido seña de identidad a lo largo de sus 119 años de historia. Si nuestro querido club perdiera este rasgo tan característico quedaría desnaturalizado absolutamente, perdería su esencia. Sin embargo, en las actuales circunstancias, es decir, tiendo en cuenta el saneamiento económico del club, su proyección internacional, su participación en la Europa League y la notable calidad de la plantilla del primer equipo, es incomprensible que el espíritu de Sísifo descanse en el banquillo. Ahora, como nunca, los responsables de las diferentes áreas del Español deben empujar la pesada losa hacia la cumbre, deben luchar contra la pésima situación deportiva y social, haciendo autocrítica y tomando decisiones inmediatas, sensatas y firmes.


No pongo en duda la profesionalidad y compromiso de David Gallego, pero no ha sabido gestionar el equipo y lo está conduciendo al abismo. Asimismo, esta errática trayectoria deportiva multiplica la escasa asistencia al estadio por parte de los abonados y aficionados, cuestión preocupante que no ha sabido solucionar el área social desde el año pasado.
Es necesario que entre en juego la mejor versión del espíritu de Sísifo, sin más dilación. De lo contrario corremos el riesgo de seguir empujando rutinariamente la pesada piedra hacia la cumbre, sabiendo que irremediablemente volverá a rodar hacia abajo, sin sentido, sin ilusión.

Manuel Acosta

Historiador y profesor, colaborador de La Contra Deportiva

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