Leo con cierto asombro que el RCD Español emitió hace unos días un sorprendente comunicado. El club solicita la anulación de los descensos consumados a causa del mayúsculo desbarajuste ocasionado por el coronavirus. Y es cierto que el desparrame ha sido total, como se ha visto en el desenlace de la última jornada en Segunda División: affaire Deportivo-Fuenlabrada. A mayor abundamiento, aún no se han disputado los partidos del play-off de ascenso con cuatro equipos implicados y una plaza en disputa. El gran descacharre. De hecho, el tramo final de la liga en Primera también ha sido un completo desaguisado y el desempeño de nuestro club, deplorable, a pesar del espejismo inicial gracias a la estúpida autoexpulsión del portero del CD Alavés (si no recuerdo mal ganamos 2-0).

Quizá el club, de querer decir “esta boca es mía”, es entonces cuando tuvo que echar su cuarto a espadas para dejar el campeonato inconcluso, buscando aliados, complicidades. Con todo, la capacidad del RCDE para presionar en el ámbito institucional es muy limitada y nada había que hacer ante el intrigante y sólido tándem “Roures-Pablo Iglesias”, conjurado para salvar los millones del primero. Se rumorea que andaban comprometidos unos 80 del maligno magnate (“malignate”, la palabreja es mía, pero doy permiso para su libre utilización). Suma que no es calderilla, precisamente. El ministro de Sanidad, perico de afición, no iba a mover un dedo por el que dirán y con eso contábamos, pues pertenece esa muy común ganadería de políticos que no se mojan ni debajo de la ducha y por cuyas venas circula horchata en lugar de sangre. Pero era la ocasión de hacerlo. Que constara en acta la protesta.

Solo que acogerse al berenjenal que se ha liado en Segunda para salvar la categoría en Primera es agarrarse a un clavo ardiendo. Como diría Jordi Pujol, padre de la patria “tresporcentista” y “capo” de toda una organización criminal de estructura clánica: “ara no toca”. Y no toca porque ese lance proyecta una imagen de frustración e impotencia sobre la entidad. Es como un truco a la desesperada de tahúr que perderá la timba por una mano desastrosa. Quedas como el culo y mermas la buena fama que merece el club… “Mira, estos listos cardones, quieren ganar en los despachos lo que han perdido sobre el terreno de juego… que les den”. Y con razón.

No ha lugar al comunicado “excretado” por el RCDE. Se ha consumado la tragedia y hay que asumirlo. No hay marcha atrás. Punto final. Pero… reza el dicho que “a perro flaco todo son pulgas”. Y resulta que un sector de la afición perica nos sobresalta solicitando al club que retire la corona del escudo por el escándalo protagonizado por el rey emérito. Toma del frasco. Y uno se pregunta… ¿Qué carajo tendrá que ver que Juan Carlos I se haya enredado entre faldas y una buena cantidad de monises, con nuestra trayectoria histórica, nuestro nombre y nuestro escudo?

La corona es cosa distinta del coronado, y la conducta poco ejemplar de éste no digo que no desluzca la institución, pero no la inhabilita. Es como si dijéramos que, comoquiera que Jordi Pujol y su partido gobernante fueron unos corruptos del carajo de la vela, habría que suprimir la Generalidad de Cataluña (“Generalitat”, para cejijuntos de barretina calada). Así, chimpún. O que, dado el caso de un hipotético Presidente de la República de San Teodoro dado al latrocinio, o de la República de Borduria sorprendido en brazos de unas vicetiples de largas piernas y aspirando coca, no cabría otra salida que derrocar ambos regímenes y proclamar en su lugar sendas monarquías. Chúpate ésa.

No sé qué decir a los componentes de la peña “Roger de Lluria” pues no soy psiquiatra, pero les recordaría, en todo caso, que el héroe epónimo que da nombre a su fratría fue un militar curtido en mil batallas, siempre al servicio de la Corona de Aragón, esto es, de una monarquía. Ahora bien, leo en un editorial de LCD que los “lauristas” reclaman el regreso de Joan Collet al frente del club. Confirmado: el calor de la canícula estival unido al estrés que a todo el mundo genera este hartazgo de pandemia causan muy serios estragos neuronales. En fin, “lauristas”, que el veraneo os sea propicio y se os pase el calentón.

Añado, ya para terminar, que estoy abonado a las “Secciones” del Español desde el instante en que se crearon. Asistí a unos cuantos partidos de vóley de las chicas, pues es un deporte bellísimo, de una enorme plasticidad, dinámico y competido, y también, lo admito, por recrearme la vista, pues a mi edad ya puedo decir, sin temor a equivocarme, que soy un “viejo v.e.r.d.e”, pero, alto… para la cinta… que yo puedo decirlo porque en tiempos ya fui un “joven v.e.r.d.e”. Cuando mozo cerraba los ojos y veía señoritas en bikini revoloteando a mi alrededor como Carpanta ve humeantes muslos de pollo, y no por eso se es un criminal. Tras esta poco edificante confesión (“yo, pecador… de la pradera”), la cuestión es que me dirigí a los responsables de las “Secciones” vía e-mail para sugerir que no sería mala cosa añadir la corona al escudo para reforzar la identificación de las mismas con el club. Me respondieron con un poco de retintín, la verdad sea dicha, excusándose con el peregrino argumento de que la corona la tiene que conceder el rey Hasta ahí llega mi limitado entendimiento. Pero, claro, vidas mías, les respondí, para que te concedan algo primero hay que solicitarlo y ya te digo que no pondrían pega alguna, pues en estos aperreados tiempos andan como locos en Zarzuela por un mensaje o una petición de cercanía de quienquiera que sea. Para mí tengo que en nuestras “Secciones” nada quieren saber de coronas regias, pues acaso las prefieran murales. Ay, Señor… llévame pronto.        

Javier Toledano Ventosa

Perico de los palotes

Peñista en Doctor Gert


Comentarios

Comentarios

DEJA UNA RESPUESTA

Escribe tu comentario
Nombre