Pizca más o menos ésa fue la divisa electoral, años ha, de un partido político, acaso el PSUC, para promocionar a quien fuera su candidato, un tal Tria. Jugaban al despiste con el apellido de un adversario algo más ilustre, Trias Fargas, reputado economista que en aquella lid era cabeza de cartel de CiU, partido también desaparecido pero que de algún modo sigue ahí, sólo que es casi imposible seguir el rastro de sus cambiantes siglas. También yo he “triat”, y lo he hecho atinadamente, pues entre “trias” y “tria” me quedo con mi amigo Federico Trias De Bes. No hay color.

Siendo niño, año 1940, a Federico le llevaron al fútbol. Primero al estadio de Las Corts a ver un Barcelona CF- Real Madrid. Poco después su tío Luis, providencial, para contrarrestar influencias no deseadas, agarró al chaval y le llevó a Sarriá a presenciar un Español- Valencia. Jugaba en el Español otro Trias, bajo palos, y completaban la alineación nombres legendarios como Arasa, Macala y Mas. El antídoto funcionó y Federico se hizo perico. Y ya van, ahí es nada, 80 años.

En cierto modo estaba destinado a ello, pues unos años antes, no levantando un palmo del suelo, ya supo, a la fuerza ahorcan, de eso de las banderías… mientras bajaba de la mano de su madre en un ascensor de la finca donde vivía, otro ascensor subía repleto de chequistas para dar “matarile” (así se decía entonces) a su padre, notario de profesión, y de paso a toda la familia, de conformidad con los usos y costumbres de aquella gentuza que prefería dar guerra sin cuartel en la retaguardia a civiles desarmados antes que en el frente. Quiso el cielo que en aquel céntrico y anchuroso inmueble de la Ronda de la Universidad hubiera hueco suficiente para encajar dos ascensores.


Mucho ha cambiado el fútbol desde entonces. Cuenta Federico en un jugoso y emotivo dossier sobre su relación con el Español a lo largo del tiempo, dossier que guardo como oro en paño, que al principio de todo, en los tiempos fundacionales, nuestros jugadores disputaban el balón luciendo una camisa blanca, supuesto que todo el mundo tenía una en su guardarropía, pantalón negro, de vestir, y un fajín azul como elemento distintivo. Te figuras a esos caballeros atusándose las guías rizadas del bigote como de granadero prusiano antes de lanzar una falta o una pena máxima. A las 17h 00’ (“o’clock”) no sería cosa extraña que el árbitro detuviera el partido para tomar el preceptivo té o una bebida espirituosa.

Nombres (legendarios) y datos (sorprendentes) desfilan por el dossier de Federico Trias, en particular aquellos que instan a la noche de los tiempos. Sea el caso de una foto del año 1900 donde la plantilla españolista posa distendidamente con la Sagrada Familia en construcción como telón de fondo. Dice el pie de foto que aquello era el campo de Grassot e incluso algunos de los jugadores comparecen encorbatados para contender en el campo del honor, más pintiparados para un duelo a primera sangre, con sable o pistola de chispa, que para un partido de fútbol.

Entre las joyas que Federico incluye en su informe hay sitio para una magistral carta que el finado Juan Segura Palomares dirigió a los periodistas Álex Botines y Emilio Pérez De  Rozas en respuesta a una tendenciosa crónica del derby local publicado en las páginas del Diario de Barcelona, allá por la década de los 70. La réplica de Segura Palomares lleva por título “La catalanidad no depende de un gol de Neeskens”, retrato anticipado de las milongas y descacharres que hemos vivido estos últimos 40 años a cuenta de la esquizotimia identitaria en la que está inmersa Cataluña, y de la que, efecto dominó, no se han librado ni el RCD Español, ni parte de sus aficionados, y que nos acompañará, eso me temo, por siempre.

“¿Veremos a nuestro equipo campeón?” “Mi equipo ya lo es, cuando salta al terreno de juego con esa camiseta y nuestros jugadores disputan un balón con empeño varonil”. Eso es sabiduría. En esa crónica de Federico late, a cada paso, a cada párrafo, la épica de los pioneros, de los balones de cuero cosidos a mano, de los jugadores contusos en un lance del “match” con vendaje en la cabeza. Esa patina ennoblecedora de las cosas antiguas, con poso y sustancia… imágenes y episodios que transmiten entusiasmo y respeto… nada que ver con la triste imagen de impotencia que dieron el otro día nuestros chicos ante el Granada: 0-3. Qué escozor. “O tempora, o mores, amigo Federico”.

Javier Toledano Ventosa

Perico de Los Palotes

Peñista en Doctor Gert

 

Comentarios

Comentarios

DEJA UNA RESPUESTA

Escribe tu comentario
Nombre