Una docena de aficionados del RCDE dedicaron, eso dicen, a Iñaki Williams, jugador del Ath Club de Bilbao, unos cánticos considerados racistas, “uh, uh, uh”, circunstancia que, además de ser una cosa muy, pero que muy fea, puede acarrear a la entidad graves sanciones. Al parecer esos aficionados ya han sido identificados, si ello es posible sin primeros planos de cámara y grabaciones de audio detalladas. Se entiende que dicho grito burla a los jugadores negros por suponer una equiparación de los tales con primates superiores que emiten esa misma o parecida onomatopeya en su hábitat arborícola. En ocasiones el cántico va acompañado del infamante lanzamiento de bananas o de cacahuetes, hecho que aludiría a la dieta nutricia de esa especie zoológica.

No me gusta nada ese gesto que señala al jugador por razón de nacimiento. Un jugador negro puede ser tan malo, marrullero o violento como uno blanco, amarillo o verde, si es marciano. En todo caso, de afear su conducta el respetable, sería acreedor de las mismas “lindezas” que en ocasiones los aficionados destinamos a los jugadores blancos del equipo rival que cometen alguna acción punible, una provocación o lo que fuere. Que no es bonito faltar a nadie (incluso al árbitro), desde luego, pero es inevitable, pues muchas veces en la grada los nervios andan a flor de piel y así es la condición humana… también los espectadores vamos a cien pulsaciones por minuto y la masa vociferante ampara actitudes que en solitario nos abochornan. Ya se sabe, es lo que tienen los partidos de fútbol, que no los de ping-pong o de golf, donde apenas hay exabruptos y palabras soeces. Cierto que aun así habría cierto margen de acción para el victimismo sobrevenido y que Williams declarase, por ejemplo, que le han llamado “cabrón” o “paquete”, o lo que fuere, precisamente por ser “negro”.

Hay más motivos para denostar esas ofensas a jugadores por su origen étnico o racial. En el RCDE también han militado y militan jugadores negros. N’kono y Kameni han sido dos de mis ídolos y no quiero para ellos vituperios de ese tipo. En la actualidad un jugador asiático ha conquistado un hueco en mi corazón, Wu Lei, el que no se ganó el nipón Nakamura porque no le dio un palo al agua. Y para él, y para todos, exijo un trato educado. Como ya he dicho los jugadores negros pueden ser tan buenos o malos, o tan idiotas, si es el caso, como los blancos. Pero aún diré algo más a esos valedores del absurdo supremacismo del nivel de melanina en la piel. Si tuviera que elegir, por ejemplo, entre Marcos Senna, oriundo del Brasil, Orlando Ortega, velocista, e Iván Pérez, jugador de waterpolo de origen cubano, más negros que el betún, que vistieron y sudaron con honor los colores de mi país, y Pep Guardiola, Piqué y Xavi Hernández, más blancos que la leche, y que luego escupieron en la camiseta de la selección nacional que les dio fama y gloria, me quedo con los negros: no hay color.


Hay quién dirá que Williams tiene la piel, además de negra, muy pero que muy fina. Y que habría bastado con que desde la grada cambiaran una vocal, la “u” por la “a”, “ah, ah, ah”, para que el insulto dejara de serlo. Pero todo este dislate parte de una grave confusión, de un craso error. Sucede que Iñaki Williams, en realidad, no es negro. Parece mentira, lo sé. Es vasco de pura cepa, de ocho apellidos, pues juega en el Bilbao, que, por otra parte, es uno de los clubes de fútbol más racistas que existen. Su RH- anda armonizado con los cánones establecidos por Sabino Arana y Xabier Arzallus (creo que ya difunto), nació en un caserío, es “baserritarra” de toda la vida, en un lugar que no recuerdo entre Santurce y Bilbao. Su abuelo fue “segalari”, como el mítico Urtáin, el “morrosko” (mocetón) de Cestona, y su padre, “aizkolari”. Su tío Josechu fue un aclamado levantador de piedras que le disputó el laurel de las victorias al legendario Iñaki Perurena. Y Williams, ni que decir tiene, sigue una dieta estricta a base de “marmitako”, “txangurro”, “kokotxas” y “txakolí”. Dicen que su “ante-tatarabuelo” combatió a las órdenes de Zumalacárregui y que la familia en pleno cantaba en vascuence el “Oriamendi” junto al fuego del hogar… aunque parece que las nuevas generaciones de los Williams se decantan más por el “Eusko Gudariak”.

Lo anterior es una humorada, por supuesto, pero algo de eso hay con relación al modus operandi del club de San Mamés. Siempre se ha nutrido de jugadores vascos, nacidos en las provincias vascas, o en aquellos territorios que consideran asimilables o “anexionables” (una suerte de Anschluss a la vizcaína), como Navarra, las comarcas vascofrancesas, burgalesas (Condado de Treviño), La Rioja, el valle santanderino de Villaverde, o de hijos de vascos aún nacidos en otros lugares, en Sudamérica, principalmente. De un tiempo a esta parte han abierto la mano y les vale aquel que, siendo hijo de emigrantes, incluso no nacido en territorio vascongado, se haya formado desde muy pequeñito en la cantera local, como sería el caso del Txingurri Valverde. El Ath. Club de Bilbao se vale, pues, del llamado ius sanguinis para alinear jugadores, lo que no hace ningún otro club en el mundo. Le dan ficha y pase a Williams que no darían a N’kono o a Wakaso, tan negros como él. Sólo que Williams es “su” negro. Y que jamás han fichado, ni ficharán, a un jugador nacido en Don Benito o en Garganta La Hoya, y avecindado en Navalcarnero o en Hospitalet de Llobregat, que no tenga ancestros vascos en su árbol genealógico, pues parece que les echa para atrás el olor a sobaco extremeño. En Bilbao, si eres nacido en Almería, de padres almerienses, puedes ser lampista, no pasa nada, pero nunca jugador del Ath. Club.

Gustará más o menos, pero es una verdad como un puño: el Ath. Club de Bilbao es el equipo menos “inclusivo”, como dicen ahora los fifís, del mundo mundial. Pasan esas cosas por llevar la “txapela” tan ceñida que se constriñen las ideas. Ahí, en Lezama, te preguntan quién eres, quiénes son tus padres y dónde c*** has nacido. Si no son racistas, lo parecen, querido Iñaki. Que no se te peguen esas palurdas “bilbainadas”. Agur… ur, ur, ur.

Javier Toledano Ventosa

Perico de Los Palotes

Peñista en Doctor Gert

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