La montaña rusa en la que últimamente se ha convertido nuestra vida en Cataluña, volvió a llegar a una de sus cumbres este pasado fin de semana. Acostumbrados como estamos a pasarnos escalando semana tras semana, para llegar a un plano tranquilo que nos dura menos que un caramelo en la puerta de un colegio, y volver a descender de inmediato arrastrados por la realidad, este domingo ha sido como mínimo reconfortante. Cuando no un gran día.

Amaneció la jornada con un espléndido sol que anunciaba alegría y fiesta, y así fue: por un lado, se iba a celebrar una gran manifestación contra el maldito “procés”, contra el odio inoculado en la gente a base de contra educación, manipulación e imposición, y por otro nuestro equipo del alma, nuestro amado Real Club Deportivo Españyol, se jugaba buena parte de su futuro en el campo del Levante.

Y ambos hechos tienen mucho que ver: por la mañana la mayoritaria Cataluña tolerante, española, abierta, bilingüe, emprendedora, solidaria y trabajadora volvía a salir a la calle a defender esos valores ejemplares de nuestra tierra, y para rematar por la tarde nuestro pequeño, modesto y querido club deportivo (para el que el deporte es el único objetivo) se enfrentaba al Levante en pos de esos puntos vitales que comiencen a sacarnos del profundo pozo en el que entre todos nos habían metido. Por error u omisión. Tampoco buscaremos culpables a estas alturas. Nunca hemos sido es así: nos crecemos ante la adversidad, llevamos el optimismo por bandera y ganemos o perdamos seguimos siendo fieles a nuestros colores.


Y ayer, gracias a Dios, a Machín y a nuestro nuevo talismán Bernardo, las cosas salieron redondas y nos llevamos los tres puntos. Un botín justo, oportuno e ilusionante que nos permite volver a respirar y hasta soñar con metas más altas. Somos así, abonados a esa montaña rusa eterna en la que nos sentimos más cómodos que otros (nuestros vecinos suizos del otro lado de la Diagonal, por ejemplo), esos que solamente son felices en lo alto de la atalaya. Así les va cuando pierden, que se hunden en la miseria, cierran sus ventanas a cal y canto y desaparecen como por arte de magia.

Lo mismo que pasó ayer con los enfermos separatistas, los violentos encapuchados y los pirómanos alentados por los dementes y racistas líderes separatistas. Ni aparecieron ni se les esperaba. Aunque intentaron impedir la fiesta de la alegría en el Paseo de Gracia cortando algunos accesos, ejerciendo como siempre de autoritarios y fascistas títeres de los dictadores de la Generalitat, sus fatuos argumentos y sus violentas y toleradas barricadas no consiguieron romper la alegría, la unidad y la realidad social de nuestra querida tierra, bilingüe, integradora, abierta y tolerante.

“En pie si eres español, en pie si eres español…” cantaban nuestros admirados jóvenes de la Plaza Artós, que volvieron a dar un inmenso ejemplo a la ciudadanía, a Cataluña, a España y al mundo entero con su alegría, civismo, simpatía, creatividad y corrección. Y su amor por una tierra que siempre ha sido y será parte de nuestra querida España.
Y como bien sabemos, a alguno que otro de los jóvenes que en una ejemplar riada descendieron cantando desde lo alto del barrio de Sarriá inundando cada rincón de nuestras calles de simpatía, optimismo y amor, se le escapaba algún “del” cuando entonaban la canción en cuclillas antes de levantarse, bailar y seguir cantando todos juntos: “En pie, si eres del Español, en pie, si eres del Español…”.

Volvimos a sonreír. En las calles de Barcelona y en el estadio del Levante. Y así seguiremos, contra viento y marea y a pesar de la pestilente maldad que emana de la Generalitat, de sus violentos CDR y de esa minoría que prefiere el odio al amor, la violencia a la paz, el ruido a la música y la suciedad a la nobleza.
Viva el Español, Visca Catalunya y Viva España.

Ernesto Martí.

Consultor perico

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