El martes se cumplieron 25 años del triste fallecimiento de Fernando Lara, el entonces vicepresidente del Espanyol perdió la vida forma repentina a los 38 años tras asistir a la presentación del equipo blanquiazul y posterior partido del Ciutat de Barcelona en el estadio de Sarrià. Ese viernes, Fernando Lara se dirigía en su vehículo hacia la residencia que tenía la familia en la confortable y bella Puigcerdà.

Aquel día pude compartir unas palabras con él entre las bambalinas de nuestro añorado estadio, en aquella época el Espanyol era un club familiar y de familias. Algo que algunos criticaron durante mucho tiempo, como si eso fuese algo perjudicial para el club. Hoy, visto con perspectiva, la verdad es que, uno se sentiría bastante más tranquilo si el club fuese propiedad de familias espanyolistas como los Lara, los Perelló, los Biern, los Sánchez Llibre, los Borrell, los Rengel-Ros, los Oller o los Oliveró, que no de un señor chino que vive a miles de kilómetros y ni entiende, ni ha entendido, ni entenderá jamás porque tampoco parece tener demasiado interés lo que es ser y sentirse perico en Cataluña, inversión aparte, cosa que hay que agradecerle, por supuesto. Cierto, que aquel era un Espanyol con cierta tendencia a la guerra fratricida y poco apego a la unidad, pero eso también formaba parte de su salsa, iba implantado en el ADN desde su fundación.

Sintomática es la frase que una vez me dijo el hermano mayor de Fernando, José Manuel: “soy propietario de un montón de empresas y en el único sitio que no gano dinero y, que además, me han llamado hijo de puta es el Espanyol”.

José Manuel Lara Bosch, tomó el relevo de su hermano junto con el bueno de Josep Creuheras en el consejo del Espanyol. Ambos, entraron con mucha ilusión y trabajaron duro por modernizar la entidad y hacerla crecer, pero precisamente aquellas suicidas guerras inexplicables acabaron de forma incomprensible tiempo más tarde con la familia Lara vendiendo sus acciones en favor del grupo de Dani. Ese, fue uno de los grandes errores históricos del Espanyol. Siempre, siempre, se tendría que haber contado con todos los dispuestos a arrimar el hombro para seguir adelante. La unión hace la fuerza. El no entender una consigna tan simple y evidente fue el principio del final de nuestro Espanyol de toda la vida.

El primer texto que escribí en clave blanquiazul fue precisamente sobre Fernando Lara, días después de su trágico accidente, era una carta al director que publicó el recién estrenado diario Blanc i Blau, degano de la prensa espanyolista. A raíz de ello, me llamó su director Norbert Gaspar, Dios lo tenga en su gloria, empecé a colaborar y hasta hoy, han pasado 25 años dedicados buena parte de ellos a la férrea y fervorosa defensa del sentimiento perico en cualquier trinchera en la que había sitio y hasta hoy, aunque, para hacer honor a la verdad, he de reconocer, que cada vez con menos ardor y fanatismo.  

La muerte de Fernando Lara me impactó sobremanera, estaba tan ilusionado aquel día con el proyecto que había confeccionado junto a Camacho, con el que, por cierto, había establecido una amistad especial y verdadera. Aquel trágico accidente fue terrible, no solamente para él, que como siempre en estos casos es el que más pierde, obviamente, para su familia y amigos. Sin embargo, me atrevería a decir que prácticamente del mismo modo para la historia del RCD Espanyol.

Fernando estaba llamado a ser el próximo presidente del club y su pasión por los colores era enorme. Supo heredarla de su padre, el entrañable José Manuel Lara Hernández, ese hombre peculiar que se presentaba con bolsas del Corte Inglés llenas de billetes en el campo de entrenamiento de La Chatarra para enseñar la prima que tendrían los jugadores pericos en caso de ganar el derbi, fuese el derbi que fuese. Aquellos dirigentes entendían, mejor dicho, sentían, lo que es amar al club. Como lo entendieron sus fundadores, los Prat de la Riba, Paco Saenz, Josep Fusté, Manuel Meler, Francisco Perelló, y tantos otros señores de Barcelona, presidentes y consejeros que dirigieron los designios de la entidad con más o menos acierto por amor a unos colores.

Nunca sabremos que hubiese sido de la historia de nuestro club si Fernando Lara no nos hubiese abandonado de forma tan fatídica y temprana. Pero lo que sí sabemos con aplastante certeza todos los que pudimos compartir sentimiento con él, en mayor o menor media, que su compromiso por el club era rematadamente irreductible, y que, con total seguridad, peor no nos habría ido.

Porque cuando hay amor, sentimiento y dedicación siempre aflora el trabajo bien hecho. Eso es irrefutable aquí y en Lima. Hoy, el Espanyol tiene tan poco de eso que hasta el trofeo que llevaba su nombre se lo cargaron los desalmados de forma vergonzosa con alevosía y nocturnidad. Descanse en paz Fernando Lara Bosch, con la eterna aspiración de que un día su grato recuerdo no nos lleve también a pensar siempre que cualquier tiempo pasado fue mejor.

 Robert Hernando

Escritor y ex -consejero del RCD Espanyol

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