Ya me pareció que por megafonía, antes de iniciarse el partido y para animar el cotarro, pincharon “Highway to hell”, de AC/DC, el día que jugamos contra el CSKA de Moscú. El cotarro, a decir verdad, no había quien lo animara, pues las gradas ofrecían un aspecto desangelado. Si alguien me dice que nos juntamos 10.000 personas en el estadio le respondo que infla cifras como un organizador de manifestaciones. Allí quienes estaban como en casa eran los hinchas del equipo moscovita. No menos de 500 mozos a cuerpo gentil en el quesito superior (córner El Prat) de las aficiones rivales. Cierto que para ellos, acostumbrados a temperaturas bajo cero, los 12º o 13º que señalaba el termómetro, eran una moñería primaveral. Agucé la vista cuanto pude, pero sólo vi mozos, ni una moza, en esa compacta masa corpórea. Los rusos gestionan regular el asunto “inclusivo”. En cambio a mí, entre el soporífero juego de mis chicos, la ausencia de calor humano en mi localidad y alrededores, la brisa y el relente, se me metió la humedad en los huesos y me acabó faltando ropa de abrigo.

Aquella tarde-noche se perdió, para variar, y se malogró nuestro récord de equipo imbatido en competición europea. Eso me dijeron, que el Español encadenaba más de 20 partidos invicto, pues no contaba la tanda de penaltis de la final en Glasgow contra el Sevilla. A perro flaco todo son pulgas. Esta temporada aún no he visto ganar en casa al RCDE, ni en la Liga ni en la Copa de la UEFA. No pude asistir el día que el Ludogorets nos regaló una goleada escandalosa, con dos expulsiones en la primera media hora. Una indisposición de última hora me impidió disfrutar del “set” que le endosamos a los campeones búlgaros.

Highway to hell” sonó también el día del aciago partido contra Osasuna. Antes del pitido del árbitro estaba persuadido de que al fin ganaríamos. Me habría apostado un pincho de tortilla y caña. Pero me equivoqué, pues manejaba información incompleta: sabía de la torpeza de mis defensas, qué temporada llevan los pobres, pero no de la picardía del delantero rival apellidado Ávila, un tipo peleón y hábil en el área que nos llevó de cráneo durante todo el partido.

La cuestión es que en los prolegómenos del “match”, al sonar el tema mítico de la banda australiana, y ver a la mascota perica danzar como una ménade en pleno delirio báquico, me entró el patético gusanillo del bailoteo siendo ya un adulto de una cierta edad. Y recorrí parte de la grada marcándome un “angus young” ante la atónita mirada de los peñistas Jesús Manuel Martín Hdez. y su hermano Néstor. Ya saben, saltando sobre una pierna, con la otra en alto en un demediado paso de la oca y componiendo en el aire un mímico guitarreo, emulando al legendario músico de AC/DC sobre el escenario, ataviado siempre con su uniforme de colegial. Si él puede hacerlo con más de 60 años, me dije, por qué no mi menda.

Afortunadamente no me partí la crisma ejecutando semejante gansada, pues ya tenemos completo el cupo de traumatismos en nuestra peña con JM Martín acudiendo al estadio apoyándose en sus dos muletas: heroísmo que no tiene justa réplica sobre el césped. En todo caso fue el conjunto pamplonica, 2-4, el que nos dio un buen repaso, dejándonos (no digo el qué) como un “bebedero patos”.

Y sonó de nuevo contra el Real Betis Balompié. A mí esa canción me chifla, y eso que no soy lo que se dice un amante del rock, pues mis gustos musicales son más templaditos, y más a cada día que pasa. Transmite mucha energía, es lo que llaman un “tema cañero”… sólo que no dejo de relacionar el título de la canción con la trayectoria del equipo y el lugar que ocupamos en la tabla, con una funesta amenaza de descenso pendiendo sobre nuestras cabezas: “Autopista al infierno”. No sé de quién ha sido la idea. Acaso una suerte de humorada “póstuma” del “crack operístico” que estos días nos ha abandonado, por fin, aunque quizá ya demasiado tarde. ¿Se trata de una nefasta profecía, de un deseo expresado de manera subliminal, de un mensaje en clave, de un recadito que nos deja el interfecto?…

En todo caso, seguro que los aficionados pericos a la música pop y rock dan con un tema contundente, tanto como “Highway to hell”, de esos que exaltan el ánimo y que, tomado, no como himno, pero sí como referente para salir del atolladero, inocula en vena buenas vibraciones a través de la megafonía. Hagan, si les place, sus propuestas. Hay que dejar esa autopista ya, a la primera salida posible. Que los peajes andan por las nubes.

Javier Toledano Ventosa

Perico de los palotes

Peñista en Doctor Gert


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