Ayer unos 500 aficionados espanyolistas se desplazaron a Budapest para presenciar el empate del RCD Espanyol con el Ferencvaros, todo ello pese a que no había ningún viaje organizado. Ni peñas, ni mucho menos el club se preocupó de organizar un desplazamiento para los seguidores pericos como si hacen otros clubes.

Los aficionados blanquiazules se lo pasaron en grande, cantaron y animaron como suele ser costumbre. No obstante, la nota discordante de la jornada la puso en este caso el departamento de seguridad del club capitaneado por Antonio Guerra que intentó prohibir la entrada al recinto a uno de los catorce hinchas del RCD Espanyol que sufrieron una injusta y arbitraria sanción de cuatro años sin ir al fútbol por los incidentes sucedidos en 2014 tras un derbi contra el FC Barcelona en Cornellà.

A pesar de que esa sanción abarca únicamente el territorio nacional el departamento de seguridad del RCD Espanyol intentó impedir por todos los medios que este hincha perico accediera al estadio a pesar del largo viaje que se había pagado para animar a su equipo.


Al final a este seguidor se le ubicó en otra zona del estadio junto con varios de sus amigos que también se opusieron a entrar en la grada visitante para no dejar solo a su compañero de viaje y de lucha espanyolista.

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