Robert Hernando.- María Ruiz es uno de los rostros  más simpáticos y amables en la televisión actual. Podemos verla cada noche  presentando el programa “TRECE al día” junto al prestigioso periodista José Luis Pérez.

Sin embargo, no todos conocen que la genial presentadora es además espanyolista de los pies a la cabeza, desde que tiene uso de razón forma parte de la tribu blanquiazul. De hecho, en varias ocasiones, ni corta, ni perezosa, ha enseñado su funda de móvil presumiendo del  mítico periquito en vivo y en directo. Sobre todo, se le crece en grande la vena militante cuando tiene la ocasión de entrevistar al gran profesor José María Gay de Liébana, colaborador habitual del exitoso programa de actualidad.

 En La Contra Deportiva, estamos encantados y felices de poder entrevistarla hoy para todos ustedes.

R.H.- Buenas tardes María, antes que nada te mando abrazos virtuales y entusiasmo a raudales como diría nuestro gran amigo común, el maestro J.M Gay.

María Ruiz.-  Hombreee… ¡Enrome profesor Don José María! ¡Siempre, siempre entusiasmo a raudales y nuestro Espanyol por encima de todo!

R.H.- ¿De dónde te viene tu pasión por el RCD Espanyol?

M.R.- Desde siempre, mi familia es periquita y cada domingo que jugábamos en casa, íbamos a Sarrià a animar a nuestro Espanyol. Imposible olvidar las tardes en aquel campo, todos juntos coreando aquellos cánticos, pidiendo a “Gallego” que subiese a la valla para corear todos juntos que nuestro Espanyol metiese el primer gol o dándole las gracias a Paco Flores por la salvación (“muchas gracias, Paco Flores, muchas gracias por la salvación…” Grandes letras…). Llegaba el descanso y todos a por el Frankfurt… Aún se me pone la carne de gallina. Sarrià tenía algo que me parece que hay que haberlo vivido para entenderlo. Por mis raíces burgalesas, recuerdo con especial cariño las veces que nos visitó el Real Burgos en casa (antes de desaparecer…), qué lejos queda aquello…

R.H.- Además, tengo entendido que participaste siendo muy joven en la ceremonia del centenario ¿Cómo recuerdas aquella experiencia?

M.R.- Con emoción. Se puede decir que abrí la ceremonia. Al principio salían todos los equipos que el Espanyol había tenido en su historia, con sus antiguos jugadores, y yo salía con los de Atletismo (orden alfabético) llevando el cartel: “Atletisme”. Di la vuelta al campo en un Montjuïc lleno hasta la bandera. Fue emocionante. Tuve hasta la oportunidad de saludar al entonces Príncipe Felipe, que también estuvo.

R.H.- Tampoco te has faltado a ninguna cita importante. ¡No te pierdes una!

M.R.- He estado en las tres finales a las que hemos llegado desde que he nacido, así que no me he perdido una. Además hemos ganado dos de tres, buen balance. La de La Copa de Rey en 2001 en Valencia contra el Atlético de Madrid con aquel gol de Tamudo quitándole el balón a Toni fue apoteósica. Qué gran tarde vivimos. La del Bernabéu en 2006 contra el Zaragoza, además ganamos holgados, cosa a la que no estamos acostumbrados… Y desde luego especial cariño para la de la Copa de la UEFA  en Glasgow. Ver Glasgow lleno de periquitos es una imagen que espero que se vuelva a repetir. Los equipos humildes no tenemos tantas oportunidades de vivir algo así; compartimos aquel día con la afición sevillista, y fue precioso. En esa ocasión no hubo tanta suerte y nos fuimos a casa algo cabizbajos, pero derrochando siempre entusiasmo a raudales. Ser perico es una cuestión de actitud.

R.H.- Presentas “TRECE al día”, lo cual te conlleva tener que vivir en Madrid ¿Cómo se siente una periquita en la capital?

M.R.- Con orgullo. Voy con mi perico en el móvil, que como vivimos pegados a él, así el Espanyol también va siempre conmigo.  Se echan de menos las tardes de Espanyol, pero de alguna manera ya las echaba de menos cuando vivía en Barcelona. Creo que lo que echo de menos es Sarrià, las tardes de domingo con mi familia, con mis amigos, aquellos campos de antes en los que la afición estaba casi sobre el campo, sin dejar de cantar en 90 minutos. Ahora es distinto, desde luego mejor en muchas cosas, pero hay ciertas otras que se recuerdan con nostalgia.

R.H.- Todo indica que al final se va a reanudar la temporada a puerta cerrada ¿Qué opinión te merece que el fútbol continúe con las gradas vacías y en este momento tan duro que estamos viviendo todos?

M.R.- Como ha dicho el Pitu “si al final se juega” desde luego tendrá que ser a puerta cerrada. Es una cuestión de responsabilidad y de precaución. Sea ahora o sea más adelante, lo que espero es poder cantarle a Abelardo lo mismo que le cantábamos a Paco Flores… Pero vamos, como he dicho antes, ser perico es una actitud, sufrir también va con nosotros!

R.H.- Mójate, ¿nos salvaremos?

M.R.- Está difícil, pero creo en los milagros. Nos salvaremos.

R.H.- ¿Cuál es tu mejor recuerdo como periquita?

M.R.- Tengo muchos. Podría decirte que la tarde del “tamudazo” en el Camp Nou con mi amiga Carla Molinos, cuando en el minuto 89 un golazo de Tamudo le quitaba la Liga al Barça para dársela al Real Madrid… Estábamos en una grada sólo culé y gritar “GOL” en un Camp Nou mudo fue tremendo (no pongo “GOOOOOL” porque lo que gritamos fue eso, “GOL”). Pero no, no es ese; te diré que el mejor recuerdo son los preparativos y el desplazamiento a Glasgow; fue todo en el último momento, no nos lo esperábamos. Fui con mi tío Maxi, hermano menor de mi madre, perico hasta la médula. Enfundados en nuestros trajes pericos, salimos de madrugada, llegamos a las 7 am y volvimos cuando terminó el partido. Lo disfrutamos muchísimo, era una final europea… Esos momentos no se olvidan.

R.H.- ¿Y el peor?

M.R.- Un recuerdo agriduclce es el último partido en Sarrià. Saber que era el último era algo triste, pero sabíamos que era un paso que había que dar. Al acabar mi hermano y yo saltamos al campo y nos llevamos un trozo de césped y otro trozo de red de una de las porterías. Yo creo que si busco ese trozo, aún lo encuentro. Y luego, los años en que bajamos a segunda también fueron años extraños, difíciles y con bastante incertidumbre. Pero supimos sobreponernos. Creo que la Directiva del Club estuvo acertada.

R.H.- Supongo que como todos tendrás tus preferencias ¿Quiénes han sido los tres jugadores que más te han marcado en toda la historia del club?

M.R.- Pues te voy a decir cinco: Pochettino –me gustaba como jugador y me ha gustado como entrenador-, Lardín –por su fuerza, por su rapidez-, Tamudo –no hace falta explicarlo-, y los Top One son Pacheta, que es de mi pueblo (Salas de los Infantes, en Burgos), y que en su primer partido en Sarrià le metió un golazo al Barça de cabeza injustamente anulado que lo tengo grabado en la retina, y el gran Fernando Molinos, padre de mi gran amiga Carla, al que no viví como jugador pero, hemeroteca mediante, vestía la camiseta como ninguno.

R.H.- Y de los actuales ¿Quién es tu favorito?

M.R.- Porque es todo corazón, Javi López. De la cantera, Javi López es honor, sacrificio, lucha y saber estar. Siempre está donde y cuando su entrenador le necesita.

R.H.- Eres una chica optimista, que siempre tiene una sonrisa en la cara ¿Qué mensaje lanzarías a los espanyolistas para afrontar este tramo final de LaLiga?

M.R.- Que fútbol es fútbol, unas veces se gana, otras se pierde; y vuelvo a lo de antes, ser periquito no sólo es un sentimiento, sino que es una actitud; a los periquitos no nos asustan los grandes retos, sabemos crecernos en ellos y luchamos hasta el final. Yo espero la salvación, y si al final bajamos… el reto entonces será ese, y volveremos a levantarnos. No me cabe duda.

R.H.- Muchas gracias por atendernos María, ha sido todo un placer y lo dicho: ¡Abrazos virtuales y entusiasmo a raudales!

M.R.- El placer ha sido mío; es un honor haber podido compartir mis recuerdos como perica. Algo que forma parte de tu infancia y de tu juventud, en definitiva de tu crecimiento, se queda ya como una parte de ti, de tu vida, estés donde estés, y el RCD Espanyol forma parte de la mía.

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