Desde esta casa, tanto en su  editorial como en algunos artículos de opinión veníamos reclamando durante toda la semana: actitud, garra, casta y sobre todo una capa de pintura a la honra sobre la centenaria zamarra blanquiazul durante el derbi que tenía que enfrentar al RCD Espanyol contra el F.C Barcelona en el RCDE Stadium.

Y ayer los jugadores que saltaron al verde, todos sin excepción y pasando por el entrenador, Abelardo, demostraron que cuando quieren saben perfectamente lo que es defender el escudo y la camiseta de este club, hecho a base de retales ratones colorados y perros verdes. Porque el Espanyol es eso, como decía “papuchi”: raro, raro… Tan extrañamente cojonudo que es capaz de saltar de los cielos a los infiernos en menos que Pedro Sánchez recupera el sueño.  

Decíamos aquí, que había que ganar, por lo civil o lo criminal y cierto es que no se ganaron los tres puntos, se ganó uno, pero lo más importante es que ese uno, sirva como inflexión para escalar posiciones en la tabla. La afición, el equipo, los jugadores,  los técnicos, todos estuvimos de diez. Los verdaderos protagonistas de este show que nos ocupa, que son los futbolistas nunca perdieron la cara al partido desde el primer minuto, a pesar de algunos errores puntales que se deberán corregir.


Y eso que el Barcelona saltó al campo como hace siempre con todo, como queriendo ofender, vistiendo innecesariamente la camiseta amarilla con las franjas de la senyera como queriendo decir: “aquí estamos, ya hemos llegado los catalanes, los que ponemos y quitamos medallas a Franco”.

Cuando uno tiene que repetir tantas veces que es una cosa está claro que algo falla. Suele ser porque lo devoran los remordimientos. El Espanyol  ayer de su inmaculado azul y blanco “com el Roger Llúria”. Inmaculadocomo un precioso niño de marinerito que va a hacer su primera comunión.  No necesitamos de guirnaldas, ni abalorios para que todo el mundo sepa que somos el club más catalán de Cataluña. Fundando en la universidad de Barcelona por universitarios ilustres para fomentar la práctica del fútbol entre los lugareños a los que se les prohibía en el FC Barcelona xenófobo y clasista fundado por el suicida Hans Gamper.

Mención de mérito aparte merece ayer la actitud de La Curva, que fue una vez más lo que se pretendió desde su fundación, un lugar de encuentro para todos los jóvenes pericos que quieran animar al RCD Espanyol y sus colores por encima de cualquier otra consideración o doctrina. Levantaron al estadio, incluso en los peores momentos, cuando parecía que todo se desmoronaba, ahí estuvieron, como los ultras de antaño en las gradas. El tifo de la Grada Canito fue simplemente magnifico, reproduciendo una mítica foto de varios niños animando a su Español en el Sarrià de los años ochenta. Porque ese espíritu y no otro es el que nos tiene que sacar del pozo. Ese es el que nos tiene que hacer resurgir de nuestras propias cenizas una vez más.

Haría bien la directiva en plantearse desde ya, levantar algunas de las restricciones absurdas que sufre aquel sector del campo, como la inexplicable prohibición de traspasar los carnets cuando uno no puede acudir. Los chavales se lo han ganado a pulso, el equipo y la grada lo agradecerán. Necesitamos el campo lleno y La Curva más en forma que nunca. Hagan el gesto señores de la directiva y demuestren que sí, que ustedes también creen que se puede.

Robert Hernando

Ex -consejero del RCD Espanyol

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