JUAN SEGURA PALOMARES

Nacido en Barcelona el 26 de enero de 1931, periodista y escritor. Pionero en el estudio y la difusión de la historia del RCD Espanyol, publicó Historia del Real Club Deportivo Español (1974) y Cien años de historia del RCD Espanyol de Barcelona (2000), y escribió la letra del himno actual del club. Fue asesor personal de prensa de Joan Vilà Reyes, expresidente del club, y ejerció como director de comunicación del RCDE durante los mandatos de los presidentes Manuel Meler, Antoni Baró, Julio Pardo, Ferran Martorell y Francesc Perelló. Formó parte de la comisión del centenario de la entidad blanquiazul.

 

 Escribe: Miguel Ángel Segura Mercado


Me enorgullece escribir para ‘La Contra Deportiva’ este primer artículo de la sección ‘Glòria als herois’, y me alegro que los responsables de esta nueva web perica -a los que deseo un camino lleno de éxito en nombre de mi padre y familia- hayan pensado en Juan Segura Palomares como, tómenlo como puro agradecimiento, ‘el primer dels herois’ de esta gran familia que es la blanquiazul.

Lo primero que me ha venido a la cabeza al recibir este encargo que escribo en nombre de mi padre es aquel anuncio famoso del Atleti, que he ‘traducido al blanquiazul’, al hacerme esta pregunta retórica: “papá, ¿por qué soy del Espanyol?” Y cómo no, la respuesta ha sido el primer recuerdo que tengo de ser del Espanyol: yo sentado en la cama de matrimonio de mis padres entre mi padre y mi hermano mayor viendo un partido por la tele, una portátil en blanco y negro de la marca Telefunken. Mi padre le decía a mi hermano: “apunta Nacho, gran centro de Solsona, Iríbar ha ido a buscar setas y José María remata alto cuando ya se cantaba el gol”. Yo veía a mi hermano apuntar a toda prisa en una libretita, muy preocupado, como todo al que dan una gran responsabilidad, lo que mi padre le dictaba como apuntes, de lo que luego sería la crónica del Athletic de Bilbao- Espanyol del diario ‘Barcelona Deportiva’, del que mi padre era entonces su Director.

Tenía 6 añitos, y de aquel partido de Liga –que ahora veo en Internet fue en noviembre de 1974 y acabó con 1-0 a favor de los leones- tres imágenes se me han quedado grabadas en la mente: la del mítico portero vasco vestido de negro, la figura inconfundiblemente arqueada del ‘noi de Cornellà’ corriendo al trote, con calcetines medio bajados, y la de mi padre con su máquina de escribir hispano-olivetti en el regazo, humeante pipa en la boca, batín color granate, patillas ‘años 70’ y su tono enérgico habitual del que hacía gala siempre en los partidos de nuestro querido RCD Espanyol.

Mi padre, Juan Segura Palomares, ha sido y es una persona pasional, extrovertida y jovial, de estos que viven ‘hacia fuera’; un gran relaciones públicas de vocación, un curioso del por qué de esta actitud y del cómo funciona esto, y -aún hoy en día- un carismático y divertido galán de los de antes, de cien mil historias y anécdotas y de vivir la vida y sacarle al máximo su jugo. Pero además de este andar por la vida, ha sido también un inacabable pozo de cultura, de brillante palabra y pluma, armas éstas que le hicieron destacar como un líder en el mundo del periodismo y la comunicación. Mi padre llegó a trabajar en el Espanyol por el amor que sentía hacia el club y no al revés. Y eso no lo digo por amor de hijo, y si no que le pregunten al ex presidente Dani Sánchez Llibre, quien solía empezar sus discursos en las peñas blanquiazules con un latiguillo similar a este: “després del verb florit del Palomares ho tinc difícil, però faré el que pugui…”.

En mi opinión mi padre ha destacado siempre por la pasión que ha puesto en todo lo que ha hecho. A lo largo de su vida profesional fue convirtiendo sus pasiones en profesión, del teatro con la Compañía de Vico, al periodismo y la política, pasando por los toros como apoderado, crítico y finalmente presidente de la Entidad de Peñas Taurinas de Catalunya, escritor de varios libros de todas estas temáticas, incluida una pequeña obra de teatro desconocida para mí hasta hace poco. Pero su mayor pasión es la que le ocupó más espacio en su vida y la que hoy me lleva a escribir aquí: el RCD Espanyol.

Relaciones Públicas, antes de llegar al club

Juan Segura Palomares siempre fue el Relaciones Públicas del club. Lo fue antes de recalar en él, desde las páginas de los diarios en los que trabajó: La Prensa, Solidaridad Nacional, Telexprés, Noticiero Universal, Diario de Barcelona, Barcelona Deportiva, o como Jefe de Prensa personal de uno de los expresidentes de más peso en la historia del club: Juan Vilà Reyes; lo fue durante sus 15 años como Jefe de Comunicación del club, y lo fue después, desde sus escritos y columnas de opinión del Mundo Deportivo. Recuerdo dos emotivos homenajes en su adiós oficial: el de todas las peñas blanquiazules unidas en el Hotel Barceló Sants –es la primera y única vez que he visto a mi padre incapaz por la emoción de elaborar un discurso-, y el que le hicieron los colegas de la prensa regalándole un cuadro con una foto con su semblante triste, enarbolando la placa de subcampeón de la UEFA, tras la famosa final de Leverkusen, y una frase sencilla y explicativa de agradecimiento y admiración: “Al Relaciones Públicas del RCD Espanyol”. Debajo, las firmas de todos los colegas –yo entre ellos- que cubríamos para los distintos medios las noticias del club.

Su entrada en el RCD Espanyol vino de la mano de Ferran Martorell en el año 81. El ex publicista coincidió con mi padre justo cuando éste salía de la penúltima crisis del Diario de Barcelona y estaba a punto de aceptar un proyecto profesional en Colombia. Éste le dijo: “tú te vienes al Espanyol”. Entonces Martorell era vicepresidente de la Junta de Manuel Meler y gracias a su idea compartida, mi padre fundó el primer gabinete de Comunicación y Relaciones Públicas de un equipo de Primera División. Meses después le seguiría el FC Barcelona de la mano del fallecido Ricard Maxenchs. Así como el Espanyol fue el primer equipo en marcar un gol en la Liga, también fue pionero en la comunicación profesional y mi padre tuvo la suerte de llevar a cabo el proyecto. “Y si ladran, es que cabalgamos”, que diría aquí mi padre con su fina ironía hacia los del otro lado de la Diagonal… En fin, para que el lector se contextualice, la época en que mi padre entra al club era la de los Urruti, Molinos, Marañón, Fernández Amado, Zúñiga, o el ‘repescado’ del Real Madrid gran ariete argentino, Roberto Martínez. Y en el banquillo, el carismático José María Maguregui. Ah, y en las ondas, y no menos importante para el universo perico, el fallecido Fernández Abajo, sus ‘tabacos de Filipinas’ y su ‘no compre piña del montón, compre piña del monte’.

A partir de esa temporada, mi padre, con el ‘Master de Comunicación de escuela americana’ que supone la pasión por unos colores, el amor al deporte del fútbol por todo lo que mueve a nivel social, y tantos años de periodismo profesional a sus espaldas, estructuró un gabinete de prensa y relaciones públicas moderno que fue la base de lo que hoy son los grandes Departamentos de Comunicación del fútbol actual, y se convirtió en el hombre referencia para los medios, el entorno social y las peñas, y en general, de cualquier acto de representación del club. Lo hizo después de tener que ‘pelearle’ al presidente que no le contratara por horas, -¡sí!- y en unas condiciones difíciles, ya que entonces nadie creía en meter en el fútbol a profesionales de áreas que no fueran estrictamente técnicos deportivos o financieros. Finalmente, gracias al apoyo de Martorell y Baró, que convencieron a Meler, se llevó a cabo el  proyecto pionero en el fútbol español con un puesto fijo y remunerado… Estuvo al servicio del club durante 15 años, en las presidencias de Manuel Meler, Antonio Baró, Julio Pardo, Ferran Martorell y Francisco Perelló.

Proselitismo blanquiazul

Pero, como he dicho, mi padre siempre hizo proselitismo blanquiazul desde su gran pasión por los colores. Lo llevaba y lo lleva en la sangre. Ha dejado para la memoria espanyolista los dos libros de la Historia oficial del RCD Espanyol, la primera, publicada en 1975 coincidiendo con el 75 Aniversario del club, y la segunda, en el año 2000, coincidiendo con su Centenario. También es de su puño y letra el actual himno del club, del que destaco precisamente ese sentir humilde y a la vez muy orgulloso de pertenecer a este club: “Jo t’estimo Espanyol, ets l’orgull de l’esport, i de Catalunya glòria, jo t’estimo Espanyol”. Sin grandes fanfarrias. Orgullosos de lo mucho que damos y hemos dado al deporte y a la cultura del país.

Sin embargo, de lo que él se siente plenamente orgulloso es de su relación con el entorno social y, en especial, con las peñas. Mis hermanos y yo estábamos acostumbrados a no contar con él ni con mi madre los sábados por la noche: “están de peñas”, nos decíamos: Parets-Lliçà, Reus, Vilassar, La Roca, Arenys, Sitges, Bages, Blanes, Empordà… imposible nombrarlas todas, pero a todas ellas iban fin de semana tras fin de semana, haciendo tándem perfecto con otra gran figura del club en el césped y fuera de él: Pepe Mauri, que sin duda tendrá otro apartado personal en esta sección.

Precisamente, a la vuelta de uno de estos encuentros peñísticos en el coche en el que iban mi padre, Fernando Molinos y Xabier Azkargorta, surgió la idea de representar el ‘Don Mendo’ de Muñoz Seca para recaudar fondos para los niños del Hospital de Sant Joan de Deu, obra en la que participó el mismo Diego Maradona, uniéndose a esta peculiar iniciativa de relaciones públicas del club, de la que aún se habla por actuaciones como la del lateral Job, que encandiló a la fallecida actriz Lina Morgan que presenció la representación desde el palco del teatro Martínez Soria.  Anécdotas y vivencias como ésta que hacen más gráfico el paso de mi padre por el RCD Espanyol hay muchas y si he escogido esta es por el profundo amor que mi padre tiene también al mundo del teatro.

“Palo” con su nieto en el estadio.

En abril del año 2013, impulsado por los empleados y empleadas que habían trabajado junto a él y aún quedaban en el club, y coincidiendo con el partido de Liga contra el Granada, la entidad que presidía entonces Collet le otorgó la satisfacción de un homenaje oficial por su labor incondicional en la divulgación de los valores blanquiazules. Ese día mi padre estaba radiante. No era euforia, sino calma interior. Estaba contento por el reconocimiento oficial del club de sus amores.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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