Nobleza obliga y por ello agradecer a los heroicos impulsores de “La Contra Deportiva”, la inmerecida invitación remitida a este letrado errante, para escribir unos sucintos párrafos en tan seductora publicación, a la que deseo los mayores éxitos. Así, escuetamente gracias.

Vaya por delante, que mis primeros encuentros con una zamarra blanquiazul, lo fueron con la de la Real Sociedad en San Sebastián. Acompañado de mi padre, los domingos tras asistir a misa, tomar el aperitivo en “lo viejo” y comer en nuestra casa familiar, situada junto al elegante Kursal, nos íbamos prestos al vetusto campo de Atocha, donde se oía, como en el mítico Sarriá, la respiración de los jugadores y olía aquella hierba fresca recién cortada. Por esos lares junto al Cantábrico, viví más de diez años, ahí me crié, crecí y empecé a corretear por la vida. Si a ello, le sumamos que llevo casi 13 años viviendo en Madrid, hacen la friolera de 24 que, sin estar en Barcelona he cultivado desde la distancia, y así también mi familia, un españolismo diría yo intelectual, educado, pasional, nada visceral, ni quietista y menos localista, casi poético, consciente del lujo que conlleva ser minoría y que su solo nombre RCDE, supone, uno de los lazos sentimentales de unión familiar con nuestra tierra catalana. Se da la circunstancia, que desde mi despacho en la planta 18 de un edificio situado en el Paseo de la Castellana de Madrid, junto al Estadio del Santiago Bernabéu, disfruto de unas vistas privilegiadas de sus gradas y del cuidado césped, donde se juegan importantes eventos. Pero ni la distancia, ni las imágenes diarias de unas magníficas instalaciones, ni el natural bullicio en los partidos de competición, ni “las mocitas madrileñas caminando a Chamartín…”, han resquebrajado en mí, ni lo más mínimo, el sano sentimiento perico.

Y esta pasión españolista viene alimentada por diversas fuentes, pero una de las principales es, sin duda, que el equipo de mis amores se llama RCD ESPAÑOL o ESPANYOL, sea en cualquiera de las dos lenguas hermanas. Así, tuviese otro nombre, (aviso a navegantes) posiblemente formaría parte de viejas historias íntimas de antaño, además me temo, la antesala de un Club gloriosamente fenecido. En Barcelona vivía a pocos minutos del Estadio de Sarriá, y lo mismo que hacía con mi padre lo hice con mis hijos, los domingos, misa, aperitivo (quizás en el Tomás, el Turó, Tejada…), comida familiar y pastelitos. Cuando servían el café, ya el mayor (con apenas cuatro años, ahora ya arquitecto, laborando en otro hemisferio, cerca del Amazonas), perfectamente pertrechado con su bufanda blanquiazul, me llamaba a arrebato y con una elegancia natural me traía la mía, para dirigirnos a “Sarriá”, que estaba a pocos minutos. Con el tiempo se incorporaron el resto de prole. El ritual (completo), que aconsejo a todos aquellos con hijos de edad temprana, lo repetí durante los años que vivimos en Barcelona con todos los hijos y algunos sobrinos, aunque después el éxodo al Estadio Olímpico trastocó esa vida de barrio, efectivamente placentera. Eran felices cuando ya se respiraba el ambiente, les encantaba saludar y ver a las Brigadas Blanquiazules, así como toda la parafernalia que había en el campo. En Sarriá, teníamos asientos contiguos con otros amigos, algunos de ellos conocidos personajes de la sociedad barcelonesa, con los que conservo intactos lazos de afecto y amistad, al igual que con decenas de buenos y grandes amigos españolistas, nuestras miradas siempre se dirigían a aquel animoso fondo sur. Y cuando se inaugura nuestra magnífica nave en Cornellá, ya me pilla en el “exilio”, en Madrid, donde en comandita acudimos cuando el RCDE juega de visitante.


Pero una cuestión que con el tiempo me ha llamado la atención de nuestro Club, ha sido su nacimiento, permítaseme la pequeña licencia de compartir una brizna de lo que pienso, estoy seguro, sucedió en su fundación y que algunos pretenden pase inadvertido. Esto es la relación, que no dudo, existente entre el sentimiento de los fundadores de nuestro Club y la “Generación del 98”.

Sí, aquella “Generación del 98”, la del PATRIOTISMO DOLIENTE, tras las pérdidas por ESPAÑA de sus posesiones legítimas en ultramar y que tocó muy de cerca a los catalanes. La fundación del RCDE, y lo creo de verdad, fue una respuesta catalana, universitaria, culta, elegante y espontánea, en lo deportivo, de un grupo de jóvenes, que sentían igual que aquella corriente intelectual de la “Generación del 98”, que superó lo literario. Los llamados “tres mosqueteros”, esto es, el grupo de amigos formado por Ángel Rodríguez (primer Presidente del RCDE, nacido en 1879), Octavio Aballí y Luis Roca, que deciden formar un nuevo Club, en el que su signo de identidad sea, lo y el ESPAÑOL, son contemporáneos, nacen en la misma década y tienen las mismas edades, jóvenes con iguales inquietudes que aquellos componentes del conocido “Grupo de los Tres”, que formaban Pío Baroja, José Martínez Ruiz (Azorín) y Ramiro de Maeztu, grupo que se dio a conocer a través de un manifiesto publicado en diciembre de 1901. Aquella promoción joven a la que se incorporaron Unamuno, Ganivet, los hermanos Machado, Valle-Inclán, Benavente….

Desligar las principales señas de identidad, y lo que determinó el nombre original de este nuevo Club Deportivo, – esto es, que todos sus componentes eran catalanes o nacidos en el resto de España, en contraposición a los demás equipos formados mayoritariamente, por ingleses y otras nacionalidades -, de las inquietudes juveniles de una época, no tiene sentido. Era sin duda una reacción cargada de dignidad, de jóvenes inquietos, al igual que la “Generación del 98” citada y siguiendo a Laín Entralgo, “…por una parte, criticarán aceradamente la realidad presente y pretérita de España; por otra, inventarán un bello mito de España, a la vez literario e histórico. Crítica y mitopoética son los dos ingredientes de su operación española.”. O cuando Azorín (nacido en 1873), exclama: “No podía el grupo permanecer inerte ante la dolorosa mediocridad española. Había que intervenir. La idea palingenesia de España estaba en el aire”. (Fíjense en las fechas queridos españolistas) Nunca han sido vertidos tantos y tan despiadados juicios sobre la vida pretérita y actual de España como entre 1895 y 1910, el período más agresivo del grupo. Pero esta implacable censura de la realidad de España no excluye un vivo amor a la Patria; al contrario, lo supone: «Soy español, español de nacimiento, de educación, de cuerpo, de espíritu, de lengua y hasta de profesión u oficio», decía el vasco Unamuno. O el propio Ramiro de Maeztu (nacido en 1875): “Me ha ocurrido que cuando la alabanza inglesa absorbía mi personalidad, alejándome de los vínculos espirituales que me ligan a la Patria, he abandonado Londres más que de prisa, para ir a España ¡No, no! Antes que nada, ¡soy español!

Pues sí, a la par y junto a esa “Generación del 98” se mueven los Fundadores y Universitarios del RCDE, que tenían muy clara su prelación de valores e importancia de sus decisiones, que, por causa de sus inquietudes, muchos de ellos marchan fuera, allá por el año 1906 deciden ir al extranjero a cultivar sus conocimientos, engrandecer sus estudios y carreras, hecho que casi hace quebrar la existencia del proyecto, pero que dirime muy bien su personalidad. Todo ello junto a la elección de los mismos colores del Blasón que lucía Roger de Lauria, indican todo un temple, estilo y personalidad.

Imposible desligar una cosa de otra, de ahí que aquellos cursis que en su momento quisieron “catalanizar” el Club, además de ignorancia, hicieron gala de idiotez absoluta, porque catalanizar al RCDE es como licuar el agua o blanquear la cal. El Espanyol, tendrá su futuro, haciendo alarde de las ideas cimentadas en sus inicios, de su nombre y de sus banderas. Tras la mercantilización de los Clubs de Fútbol, se ha perdido mucho de lo auténtico. Pero la expansión del Espanyol no debe ser puertas a dentro, pidiendo perdón por existir, sino hacia fuera, haciendo gala de nuestro calificativo propio. Y todo ello con estilo. No caben en nuestra forma de ser ni rufianes, ni personas sin honor, estrelladas formalmente, manipuladores de pandereta, perversas o despreciables, incluso “nuevos ricos intelectuales con derecho a escaño”. Nuestro estilo debe ser, elegante, dotado de gracia, sin mayor merecimiento de particular, con nobleza, sencillez, airoso, fresco, con buen gusto y distinción. Un Equipo auténtico, un Club auténtico, una Afición auténtica. Señores del fútbol. Españolistas, al fin.

¿Y que pasa con las derrotas? En esta sociedad hedonista, relativista, donde el sacrificio se intenta desterrar de todos y prioritariamente esconder a los jóvenes, saber sufrir, perder, levantarse, luchar y sonreír, es un mérito, una cualidad que se aprende siendo desde joven seguidor del RCDE, “El deporte es tu único objetivo…”

¿Quien habla de derrotas o es que no hay derrotas que se convierten en victorias?, como aquella dirigida por Leónidas, que salvó a Occidente del ejército persa, en la batalla de las Termópilas, no sé si eran trescientos, fueron los suficientes con el siguiente lema: “si estás cansado no importa, eres un guerrero, si estás herido no importa, eres un guerrero y el guerrero espartano sólo lucha”.

Que nos van a contar. “Real eres, tu nobleza justifica el adjetivo” – “Jo t’estimo, Espanyol.”

Juanjo Aizcorbe

Abogado, perico en Madrid.

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