A estas alturas de la película la cosa grotesca blaugrana ya no sorprende a nadie pero no por ello las noticias que se han publicado esta semana son menos vergonzantes. Que un tipo como Laporta gane de nuevo una votación y lo sustente con 30 millones de euros el camarada Jaume Roures debe sonrojar hasta al culé honrado.  Que seguro que existe. Y tal noticia llega justo cuando el Juez Alberto Mata del Juzgado de Primera Instancia número 7 de Barcelona certifica que Roures utiliza sociedades en Holanda para esconder 500 millones de euros. Pero es que hay más, pues este torrente informativo alcanza pocas horas después de saber que el buque insignia de Roures -la conocida Mediapro- haya solicitado un rescate público por 300 millones de euros. Es todo tan hilarante que solo le faltaría recurrir al erario de los franceses después de que el rotativo L’Equipe saliera en Navidades con una portada que trataba de “atraco del siglo” el causado por Mediapro a la liga francesa. El empresario separatista perdió hace unas cuantas semanas la retransmisión -de manera abrupta, a media competición- de la Primera y Segunda tras varios impagos con excusas de mal pagador. En definitiva, que si los clubes relevantes suelen promocionar negocios en sus palcos nuestros vecinos culés prefieren descaradamente tejerlos en las cloacas.

Pero el tema no queda en los enredos de los dineros, sino que hemos podido comprobar como hay tipos con una jeta tan grande que no hay mascarilla para cubrirla y es que así se fotografió Laporta en su toma de posesión, riéndose de la pandemia, junto a los dirigentes de la Generalitat que sólo saben llevar a la ruina a miles de familias. Dios los cría y ellos se juntan, así que no faltaban al acto hasta imputados por choriceo como la tal Borrás haciendo honor al himno culé cuando dice aquello de “tant se val d’on venim”. Curioso gobierno el de la Generalitat que no acude a la Seat para impulsar una nueva línea de producción que dará trabajo a cientos de catalanes y se presenta en masa, y baboseando a la presentación de Laporta. Así nos luce el pelo. 

Eso sí, Laporta no defraudó a ninguno de su distinguido público ni con el champagne -que ya se sabe que el cava catalán es cosa de pobres- ni cuando dio la vara con aquello de poner al club al servicio de los delirios ideológicos.

Es triste ver la constante manipulación de las instituciones catalanas pues si bien es habitual que las autoridades aparezcan en la ofrenda de títulos deportivos ya no es nada normal que los veamos participando en la toma de posesión de un candidato como si hubieran ganado unas elecciones propias o remontado al mismísimo PSG de Pochettino. La noche del Gobierno de la Generalitat con Laporta recuerdan a la triste Rumanía de los Ceausescu y el burdo, partidista e interesado uso que siempre hicieron del mítico Steaua.

Si a Leonard Cohen le hubieran preguntado en uno de sus paseos por Barcelona que eligiera entre Barsa y Espanyol, su respuesta hubiera sido sin lugar a dudas: “El Espanyol, porque a veces uno elige de qué lado estar simplemente viendo quiénes están al otro lado”. 

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