Mañana llega el gran día. El partido del año. Que sí, los pericos lo esperamos y es lo primero en lo que nos fijamos cuando sale el calendario liguero. Mañana tendremos una nueva ocasión para batir al eterno rival en nuestro feudo, en nuestra casa. Para celebrar la fiesta perica, en un año que ha sido redondo. Bien, ganar al Barcelona significaría acabar de redondearlo.

No es un año cualquiera. Después de batir y superar la barrera de los 50 puntos por primera vez desde que estamos en el nuevo estadio, creo que es el año que llegamos al derbi más igualado de los últimos años. Una época en la que vivíamos el partido con la única esperanza de que no nos cayera un saco de goles. Mañana no. Estamos muy capacitados para llevarnos los tres puntos de gloria, de honor y de sacrificio. Es un año de récords… y ¿por qué no romper otro ganando mañana en Cornellà?

Además, que sólo nos queda ganar los tres puntos dentro del campo. Fuera del verde hace mucho tiempo que hemos ganado. Hemos ganado como afición. Hemos ganado por ser honestos y honrados. Hemos ganado por ser legales. Hemos ganado por cuidar a nuestros jugadores desde el fútbol base. Hemos ganado por buscar un progreso y corregir errores y no buscar resultados inmediatos. Hemos ganado por ser la resistencia, por no dejarnos llevar por la corriente.  Y por mantenernos siempre fieles y únicos. Porque somos seguidores fieles que por mucho que nos quieran tumbar nunca lo lograrán. Como mi padre me ha dicho en numerosas ocasiones desde que una era muy pequeña, “es muy fácil ser de un equipo ganador, que sabes que cada partido va a meter un saco de goles. Es muy fácil amoldarse a la actitud del campeón, lo difícil es sobrevivir.” A mi siempre me han gustado las cosas difíciles. El camino llano y recto es demasiado fácil. Ver que el equipo vecino casi siempre gana no te hace cuestionarte nunca tus colores.  Al contrario, te refuerza todavía más tu sentimiento. Un sentimiento que a medida que pasan los años se hace cada vez más fuerte y más fuerte hasta convertirse en irrompible. El lazo perico está hecho a prueba de balas, nunca nadie lo podrá romper.

Porque no vendemos nombres ni personajes, somos un club, un escudo y lo que realmente nos importa es el Espanyol y lo que representa. No nos escondemos detrás del nombre de un jugador. Lo que nos diferencia es que somos un equipo donde el objetivo es el bien común de todos, no tipificar el Espanyol bajo el nombre de uno de sus jugadores. No dependemos de un sólo jugador, dependemos del trabajo en equipo y de cómo actúe en conjunto cada pieza del once.

En las instantáneas que sacan los medios de los goles en Cornellá, en las celebraciones de los jugadores nunca verás a toda la grada con el móvil para hacer fotos. Verás gente extremadamente feliz, ondeando sus banderas y moviendo sus bufandas. Como decía Ramón Rius en su columna en La Contra Deportiva: «todos los que llegan de fuera, lo primero que hacen es comprarse la camiseta de ellos para (…) demostrar su integración.»

Y es que ser del Barça es una moda, una falsa integración. En cambio, el ser perico se lleva en el corazón.

Mañana es el partido del derbi. El partido que esperemos que haga cambiar la mala racha. Por esa razón, debemos animar a los jugadores para que salgan a por todas y nos ofrezcan el mejor presente en este final de temporada. Bengalas, banderas y cánticos a la llegada del autobús con los jugadores. Cada aficionado con una bandera, llenando el estadio como una marea blanquiazul. Y que la Juvenil y La Curva, hagan de las suyas que los seguiremos hasta dejarnos la voz. ¡Vamos con todo y a por todas! ¡Visca l’Espanyol!

Anna Casas Vaqueiro

Socia del RCD Espanyol y redactora de La Contra Deportiva.


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