Ruido de fondo, es uno de los geniales libros del tristemente desaparecido David Gistau, poco puedo yo escribir sobre el sobresaliente periodista, sin duda alguna, el más avispado de su generación. Poco, o más bien nada, que no hayan dicho ya plumas de prestigio, como la de Arturo Pérez Reverte, Manuel Jabois o Jorge Bustos. Incluso el mismísimo Loquillo de mis delirios musicales ha escrito unas preciosas líneas alabando al ilustre madrileño.

Empecé a leer a Gistau prácticamente en sus inicios, y, por casualidad, cuando escribía en La Razón, él era joven, yo también. Recuerdo, con especial devoción, una serie de crónicas que escribió sobre sus experiencias durante los San Fermines, todos, y, cada uno de los días, que duró la fiesta. Yo, pobre de mí, en la edición anterior, había estado disfrutando de ellas, y, como a Gistau, o a Hemingway, me dejaron fascinado de por vida.

Bebí de su fuente siempre que pude, cada vez que leía algo de él aprendía, o cuando menos lo intentaba, consciente, por supuesto, de que jamás le llegaría ni a la suela de los zapatos. Pero, su manera de relatar las cosas, su visión y facilidad para analizar la actualidad, a veces fría y pragmática, casi siempre poética, me ha resultado siempre desmesuradamente admirable. Pocos hay con una pluma tan afilada, trasladado al periodismo deportivo, podríamos compararla, si acaso, con la de otro maestro, y, guía espiritual para mí, el gran Tomás Guasch. Ahora, a poco más de un mes para que se presente mi primera novela de ficción contemporánea, que nada, o muy poco, tiene que ver con el fútbol, me siento si cabe todavía más imprudente por tal atropello.

Ruido de fondo, es una novela de fútbol, como este digital, sobre los viejos ultras y sus devenires en la vida cuando dejan de serlo, si es que verdaderamente, se deja de serlo algún día de tu vida. David Gistau era merengue hasta el tuétano, y compartía además con un humilde servidor otra gran pasión, como es la del boxeo. Ahí, cayó al suelo Gistau semanas antes de su trágica perdida. Como caen los grandes: en la lona, entrenándose, rindiendo honores al noble deporte que engrandecieron mitos como: Muhammad Ali o George Foreman. Porque en la lona solo tiene el honor de caer el que la pisa.  Por David Gistau, y, por la salvación de mi amado RCD Espanyol, que no nos falte nunca el ruido del fondo.

Robert Hernando

Ex-consejero del RCD Espanyol


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