El 2020 empieza caliente en la vertiente futbolística de nuestras vidas, que no es cualquier cosas, aunque algunos no sean capaces de entenderlo, ni falta que hace. Recuerdo que Brindisi decía que rezar por el fútbol no era demasiado adecuado, puesto que hay cosas más importantes en la vida como la salud y el trabajo. Pero claro, enseguida apuntaba que como su trabajo era el fútbol, él si podía rezar cada día de partido por la victoria de su equipo. Lo cierto, es que al menos en el Espanyol no le sirvió de mucho, porque en el fútbol como en cualquier cosa en la vida además de la ayuda del Altísimo es muy importante la actitud, la predisposición y el trabajo bien hecho.

Actitud, casta, garra, fuerza, honra. Son por desgracia, palabras muy en desuso en los tiempos que corren. Mi humilde relato de este año en el libro Histories en Blanc i Blau lo he titulado así: Muerte al fútbol moderno – les recomiendo que lo lean- no mí relato, sino todo el libro, que está lleno de bonitas historias en clave blanquiazul. La tiranía de lo políticamente correcto, las redes sociales y las nuevas tecnologías aplicadas al juego han convertido a la mayoría de los futbolistas de hoy en vedettes, que poco o nada tienen que ver con los jugadores de los que coleccionábamos cromos y los intercambiamos en el patio de la escuela con la cancioncilla del “tengui, falti”.

El sábado toca derbi en casa, y para un jugador que vista la misma zamarra blanquiazul que se enfundaron en su día: Dani Jarque, Zamora, Marañón, Canito, Arcas, N’Kono, Sergio González, Tamudo o Pochettino el choque contra el FC Barcelona no puede ser en modo alguno un partido cualquiera. El que no lo sienta debería tener la nobleza de no saltar siquiera al campo. Los militares cantan cuando pierden a uno de los suyos que la muerte no es final, pero perder el orgullo y la dignidad, eso sí, es la defunción  más horrible que uno puede sufrir. La cruz de la indiferencia es muy pesada.


El sábado la afición del RCD Espanyol va a ocupar las gradas del estadio con el cuchillo en los dientes y lo mínimo que se les debe exigir a los futbolistas que salten al campo es la misma actitud que su afición sobre el terreno de juego. Para esta batalla no queremos ver ni uno solo de los pipiolos que decía Machín, -y quede claro que tal adjetivo no responde a la edad del jugador- los hay con muchos pelos en los huevos.

Después de todas las infamias e ignominias que viene padeciendo y aguantado el aficionado espanyolista esta  horrible temporada en La Liga, lo menos que están obligados a  conseguir los que vayan a saltar al verde es que los pericos nos retiremos esta  próxima jornada a nuestros cuarteles de invierno engordados con el orgullo de haber peleado hasta el final. Con el firme convencimiento de que los nuestros han derramado sobre el césped sangre, sudor y lágrimas. Porque el dolor de la derrota es pasajero, pero el deshonor de no haber luchado es para siempre.

Robert Hernando

Ex-consejero del RCD Espanyol

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