Santa Rita, Rita, lo que se da no se quita, decíamos cuando niños. El Barça ha olvidado esa cancioncilla infantil y recientemente ha decidido retirar al general Franco las medallas honoríficas que en su día le concedió. De modo que las medallas del citado club son de quita y pon, o mejor, de ida y vuelta, como un bumerán.

Sabido es que el gobierno de Pedro Sánchez suspira por proceder a la exhumación de los restos mortales de Franco en aplicación de la llamada Ley de (des-) Memoria Histórica. Y por ello pretende destacar una cuadrilla de operarios al Valle de Los Caídos para sacar los despojos del hoyo a martillazos e inhumarlos luego quién sabe dónde… hay quien propone, no sin motivo, el columbario del Camp Nou, por lo que luego se dirá. Ocasión que pintarían calva para que el Barça comisionara a algún delegado del club a la quermés necrófila para supervisar el operativo y recuperar, in situ, las medallas impuestas en su día, si es que el dictador fue enterrado con ellas, junto a sus condecoraciones militares. Atenta la guardia: con un comisionado culé por medio, que nadie le quite el ojo de encima, que sabemos cómo las gastan y peligran los dientes de oro del finado, si los hubiere. O el reloj de gama alta, que Piqué los colecciona, aunque, a decir verdad, un reloj en la muñeca de un difunto es un sinsentido… en sus circunstancias la medición del tiempo es algo superfluo.

En esto de la (des-) Memoria Histórica, el Barça es pionero, pues fue el último club en rendir pleitesía a Franco con atenciones y parabienes (concesión de medallitas) cuando ya estaba con pie y medio en el estribo… y el primero en retirar un monolito consagrado a las docenas de socios de la entidad “Caídos por Dios y por España” ornamentado con el yugo y las flechas de la bandera de Falange, erigido años ha en sus instalaciones. Era, lo recuerdo porque lo vi (nací en la calle de Benavent, a tiro de honda del Nou Camp), un monolito rectangular negro, como de piedra basáltica, y del que no queda memoria fotográfica, y eso que he huroneado en la red para dar con el fúnebre memorándum: es como si nunca hubiera existido. El asunto me trae a las mientes el book fotográfico de Stalin del que desaparecían paulatina y “misteriosamente” todos aquellos conmilitones de partido “purgados” en el Gulag o, tiro en la nuca, en los sótanos de la Lubianka. ¿Qué fue de ese monolito parecido al de “2001, Una odisea del espacio”?


Pero ese marcar distancias con el franquismo es un pelín insincero, o cuando menos incompleto y falto de reciprocidad porque el Barça quiere de vuelta las medallas que le concedió a Franco, pero, mira tú qué cosa, no devuelve el material que el régimen donó al club para construir su estadio, año 1957. Nos referimos a las estructuras metálicas que el Ejército facilitó como donante neto y altruista.

El Barça está en su perfecto derecho de “reconstruir” su identidad, todos podemos hacerlo, y desmarcarse de la dictadura, pero si, en aras de la coherencia, quiere volar puentes definitivamente habría de descuadernarse a sí mismo, por decirlo de algún modo, abrirse las carnes y prescindir de esos puntales de acero y sustituirlos por otros, puros e incontaminados, sin ADN franquista. Como en una operación a corazón abierto. La analogía perfecta sería la del “águila sangrienta”, una ceremonia espeluznante que les sonará si han seguido la serie “Vikingos”. El conde Jarl Borg es el “beneficiario” de esa técnica casi quirúrgica. Ragnar Lodbrok le practica al infortunado unas incisiones en la espalda. Y luego, a hachazos, le separa las costillas de la columna vertebral para extraer los pulmones por detrás y dejarlos reposar sobre los hombros. Ahí es nada. Si la víctima
no soporta el atroz suplicio en silencio y aúlla de dolor, está perdido: ya no irá al Valhalla, a comer con los dioses y a darse de revolcones con las rubilargas valquirias… ah, ah, se siente. Pues eso debería hacer el Barça, si tanto le remueve el qué dirán por su pasado. Abrirse a sí mismo el costillar y dejar el Camp Nou con las cuadernas al aire, como un antiguo galeón en el astillero. Santa Rita, Rita, lo que se da, no se quita

Javier Toledano Ventosa

Perico de Los Palotes

Peñista en Doctor Gert

Comentarios

Comentarios

1 COMENTARIO

  1. de cajón… yo le he mandado el artículo (tu palote) a unos cuantos amigos y conocidos culés para que se recreen un poco en las heroicas hazañas de su club… hoy te veo en forma, perico…

DEJA UNA RESPUESTA

Escribe tu comentario
Nombre