Ayer nos levantamos con la portada de El Mundo que nos confirmaba el importe exacto de la grotesca sospecha: Messi cobra 380.000€ diarios. Cada vez que sale a la palestra algo así retumban las palabras de Luís Martínez Sistach, el que fuera Arzobispo de Barcelona, cuando acusó de insensible a Florentino por el fichaje de 100 millones de Cristiano Ronaldo. El universo culé era un clamor de envidia y hasta la Iglesia -o lo que queda de ella en Cataluña-salió en su ayuda. Tras una década, el jugador mejor pagado del mundo tendrá en su haber más noches de ignominia europea (5) que Champions (4 y eso que en una jugó 10 minutos). Messi ha pegado más petardazos memorables que Paris Hilton en las principales plazas pijas del continente: París, Roma, Múnich, Milán y Liverpool. Pero aún y con ello, es curioso leer y escuchar a decenas de ciegos culés que insisten en que aún gana poco.

Algo así nos está pasando a nosotros. El invidente Chen tuvo el octavo presupuesto de Primera División para acabar sumando 25 puntos. Después de tres entrenadores Rufete no daba crédito al desastre que él mismo había forjado así que se enfundó gorra y chándal para enderezar el rumbo. Sólo le ganamos al Alavés.

Dado que hay el convencimiento generalizado que tenemos una gran plantilla la estrategia en Segunda fue mantener prácticamente lo mismo y el resultado a febrero es que ningún perico confía poder subir en una hipotética promoción. Eso sí, aún apelamos -y en parte, con razón- a la mala suerte, los arbitrajes o a que los muchachos no ponen intensidad.

El empecinamiento culé y perico nos mantiene en bucle. Ellos tienen un jugador carísimo que no se justifica y nosotros una plantilla súper gravosa que tampoco lo logra. Los protagonistas de estas tragedias económicas y deportivas deberán irse. Todos. Sólo en ese momento rupturista dejaremos de tropezar con la misma piedra que nos hace sangrar.

Tomás Guasch LLovensà
Soci 4.270 i accionista


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